Muchas almas de los bautizados, después de un tiempo dejan de ser de Nuestro Señor y son ocupadas por el pecado y las cosas del mundo. Como misioneros, vamos en busca de estas almas para recuperarlas para Cristo. En nuestra misión en Los Juríes, Santiago del Estero, experimentamos cómo los niños del catecismo, después de recibir los sacramentos, se alejaban de la Iglesia… queríamos hacer algo por ellos, pero ¿cómo? ¿cuándo?… no lo sabíamos. Fue así como se nos ocurrió proponer un movimiento, que ya funciona en otros lugares, que podría atraer a los niños: los Cruzados de Jesús[1]. Con el asesoramiento de los laicos y religiosos de La Plata, en donde ya funciona este movimiento con muchos frutos, comenzamos a formar nuestro propio grupo, con la idea de formar en ellos líderes, almas nobles, almas con espíritu de príncipes.

Es así que iniciamos con las primeras reuniones, en donde se aprende: cabuyería (nudos y construcciones), primeros auxilios y juegos. Fue un reto para nosotras, ya que ninguna había participado en la infancia en un grupo de exploradores, acción católica u otra agrupación similar. Nos pusimos en la empresa de aprender todo esto.

El grupo comenzó a tomar forma: ya con su himno y estandarte, participaban de las diversas actividades parroquiales, procesiones, e incluso en el armado del pesebre y la organización y actuación en el pesebre viviente de la parroquia, siendo ellos los principales protagonistas.

Pusimos como Patrono del grupo a San Juan Bosco, haciendo crecer en los niños la devoción por los santos, que nos ayudan desde el Cielo. Promovimos también entre ellos la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, acostumbrándolos a ofrecer a Nuestro Señor cada una de sus buenas acciones.

Este año, cuando convocamos nuevamente a los niños para el comienzo de las actividades, los alentamos a que invitasen a sus compañeros y amigos para formar parte de este movimiento. La iniciativa fue del todo exitosa: el primer sábado ya eran 22 chicos que querían unirse al grupo. Uno de los pequeños golpeó la puerta del convento y cuando la hermana lo atendió, se puso firme, y con voz solemne le dijo: “hermana, yo vengo a ser un Cruzado”.

Pedimos oraciones para que este apostolado sirva para ganar más almas para Cristo, para que sean un consuelo a su Sagrado Corazón. Creemos que todo lo que hasta este momento se ha logrado, ha sido gracias a los mismos niños que por su docilidad a la gracia y ejemplo de vida cristiana atraen a los demás.

En Cristo y María,
Hermanas de la Comunidad “Santiago Apóstol”
Los Juríes- Santiago del Estero- Argentina

[1] El nombre de Cruzados está tomado de los cristianos que, ante la convocatoria del Papa Urbano II (año 1095), salieron en defensa de la Tierra de Nuestro Señor, ocupada por los turcos, signando sus vestiduras con una tela roja en forma de Cruz.

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