Alcoy-Servidoras-monastero (49)

 “Aquí está el Señor de todo el mundo”

Un poco de historia

El 29 de enero de 1568, siendo Alcoy una pequeña pero próspera villa del Reino de Valencia (bajo la corona de Aragón), sucedió un hecho que marcó su historia y su fe. Juan Prats, un francés residente en Alcoy, profanó el sagrario de la vecina parroquia Santa María, llevándose el copón y una cajita de plata (utilizada para el viático de los enfermos) que contenía varias hostias consagradas. Ya en su casa, consumió todas las formas y enterró los vasos sagrados en el sótano de su casa, donde tenía la caballeriza. El cura párroco, al ir a rezar al templo, se dio cuenta de la profanación y saliendo a la calle, gritó: “¡Devotos cristianos, id a buscar al Señor de todo el mundo que nos lo han robado del sagrario!

Toda Alcoy, turbada y conmovida, se lanzó a calles y caminos, campos, pueblos y ciudades, buscando el Santísimo Sacramento robado. Se dio aviso a todas las autoridades, tanto eclesiásticas como civiles. Dicen las Actas de esos tiempos que el Rey Felipe II, al enterarse del hecho, se vistió de luto y con él toda su corte, hasta que avisaron del hallazgo. “Sabed que he tenido aviso cierto de que en mi Real Villa de Alcoy han robado al Rey de los Reyes Sacramentado, y con las muchas diligencias que se hacen, no hallan a tan alto Monarca, y es muy justo que a vista de una tan grande irreverencia cometida contra el Rey Divino, se muestre dolorido cualquier Rey humano”, fueron las palabras de Felipe II a sus cortesanos.

Tres días duró la búsqueda, tres días estuvo el Señor enterrado en el establo, como un nuevo Santo Sepulcro. El día 31 de enero, María Miralles, vecina de Juan Prats y propietaria de ambas casas, viendo que no lograban encontrar el Santísimo Sacramento, se arrodilló ante una imagen del Niño Jesús que tenía en una habitación, sobre el taller donde trabajaba Juan Prats. Esta imagen era ya desde antes muy conocida, porque muchas personas se reunían en casa de María para rezar delante del Niño, también era llevada a visitar los enfermos y presidía los responsos de los difuntos. Por esta razón, muchos en Alcoy conocían su fisonomía, el material de que estaba fabricada (tela empastada, y manos y pies de madera) y su postura: de pie, con los dedos de la mano señalando al cielo, como bendiciendo.

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Así, pues, ese día, al arrodillarse María ante el Niño constató con grandísima sorpresa que había cambiado de postura: su cuerpo se había inclinado como haciendo una reverencia, y la mano derecha, que con sus dos dedos siempre había estado señalando al cielo, la había bajado en dirección hacia la tierra, sin que se hubiera quebrado ni lesionado ninguna parte de su cuerpo.

En esos momentos, un alcoyano -Juan Esteve-, estaba registrando nuevamente la casa de Juan Prats. La noticia de este milagro sirvió para confirmar la sospecha de que el Santísimo Sacramento estaba allí. Al cavar en el lugar donde estaba señalando el Niño con su dedo (el establo) se encontró al Señor, oculto bajo un montón de tierra, estiércol y haces de leña.

¿Y por qué decimos que “se encontró al Señor”? Efectivamente, Juan Prats, antes de enterrar su precioso robo, había consumido todas las hostias consagradas que se hallaban en la cajita de plata y en el copón. Pero al desenterrarlo, se encontraron tres formas. Inmediatamente el sacerdote que estaba allí en el momento del hallazgo las llevó en procesión con todo el pueblo hasta la Parroquia de Santa María. Luego preguntaron a Juan Prats (que había sido detenido apenas se conoció el robo) dónde había escondido el resto de las formas consagradas. Él afirmó haberlas consumido todas. Al asegurarle que habían encontrado tres hostias en el copón, Juan Prats exclamó: “¡Milagro de Dios!”

La admiración por el doble milagro y la profunda devoción del pueblo movió a los alcoyanos a hacer un voto, firmado por el Ayuntamiento: celebrar en esta fecha anualmente y a perpetuidad la fiesta del hallazgo con una procesión de Corpus, en la que se rindiera al Santísimo Sacramento todos los honores posibles.

El lugar donde fue hallado el Santísimo Sacramento fue convertido inmediatamente en Capilla, donde se celebraba la Santa Misa y se custodiaba la imagen milagrosa. Más tarde, el lugar se fue ampliando, ocupando la planta donde se hallaban las dos casas, y otras adyacentes. Años después se comenzó con la construcción de la iglesia. San Juan de Ribera, que había sido nombrado Arzobispo de Valencia por esas fechas, al conocer la historia del Milagro y el proyecto de los alcoyanos de levantar una iglesia en su honor, sugirió que también se hiciera al lado de la iglesia un monasterio de monjas de clausura, que dedicaran su vida a la adoración reparadora. Así nacieron las Agustinas Descalzas, fundadas por el Santo Patriarca.

En la próxima crónica les contaremos sobre nuestra llegada a este lugar y sobre la inauguración de nuestra presencia aquí, precisamente cuando se celebraban los 450 años del “Robo y Hallazgo de las Sagradas formas”…

En Cristo y María,

Hna. María del Espíritu Santo

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