cristo-rey-guanajuatoEl domingo 24 de noviembre celebramos la fiesta de Cristo Rey en nuestra iglesia catedral en un clima de gran alegría.

Presidió la Misa el nuncio apostólico Monseñor Jorge Lingua y la iglesia estaba llena. A pesar de las dificultades para moverse en Bagdad vino gente desde todas partes de la ciudad.

Hay que tener en cuenta que además del miedo a los atentados, se suman otras dificultades: por ser día par solo podían circular en auto los que tienen patentes pares (es una ley sin sentido que existe aquí pensada para disminuir el tráfico y por cuestiones de seguridad, que, como se imaginarán, no soluciona nada y perjudica a la población), no hay medios eficaces para moverse pues no hay líneas de colectivos que funcionen bien, por supuesto que no hay subte, y los taxis son muy caros para la mayoría de nuestros feligreses. ¡Así y todo, la iglesia estaba llena!

Y esto es porque en primer lugar celebraba el representante del Papa, y además y principalmente, por la festividad en sí. La fiesta de Cristo Rey es muy consoladora porque nos habla del amor y el poder infinito de Nuestro Salvador. Cuando los hombres nos fallan -¡y esto aquí es muy patente!- se nos hace más fácil levantar la mirada a Aquel que no falla nunca, el que nos prometió que estaría con nosotros hasta la consumación de los siglos.

Por eso fue tan apropiada la homilía de Monseñor Lingua que predicó sobre la fe. Con un estilo muy pedagógico sus palabras llegaban a nuestros fieles y les interpelaban sobre su fe.

“Es fácil creer cuando las cosas van bien. Pero cuando parece que las cosas no van en el justo sentido, ¿sigo creyendo? ¿Cuándo veo injusticias a mi alrededor, violencia, inseguridad, sigo creyendo que Dios me ama? ¿Cómo creer cuando parece que Dios no se hace sentir, que no responde a mis oraciones, cuándo parece lejano?”

Qué fuertes resuenan estas palabras en un pueblo sufrido como el nuestro. Por eso cuando el Señor Nuncio da la respuesta a estos interrogantes sólo confirma lo que nuestros fieles han aprendido por experiencia, por la experiencia de la Fe puesta a prueba en los momentos difíciles. Y no es otra que poner nuestra mirada en Cristo que muere en la Cruz.

La oración de Cristo “no tuvo el resultado que podíamos esperar, es decir que fuese librado de la muerte. Los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos, sus caminos no son nuestros caminos (cf. Is 55,8). Dios permitió que su Hijo padeciese la muerte. Todo parecía terminado, perdido, concluido. Y sin embargo, al tercer día resucitó“.

A la luz de esto, Monseñor Lingua proponía que cada uno de nosotros hagamos un examen de conciencia sobre nuestra fe:

“¿Creo realmente que nada es imposible para Dios, que podemos recomenzar, que también yo puedo recomenzar siempre, a pesar de mis caídas, de mis errores?

“¿Creo en la Providencia Divina que sabe lo que preciso y no deja que me falte nada de lo que necesito, porque Jesús ha dicho: mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta, ¿no valéis vosotros más que ellas? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria, se vistió como ellos. Pues si la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?”

Digo que la experiencia de la Fe ha enseñado esto a nuestro pueblo fiel. Y sin embargo igual podemos decir que somos hombres de poca fe, que tenemos que seguir trabajando por ella.

Por eso terminaba la homilía: “volviendo a casa, tomad el Evangelio, releedlo con calma, mejor si lo hacéis juntos, continuad el examen, preguntaos si creéis más. Estamos todavía en tiempo de renovar nuestra Fe. Ahora que termina el año de la Fe debe continuar la vida de la Fe. Mientras tenga respiro será tiempo de fiarme de Dios, de darle mi “sí”, de creer en su amor. No son necesarios años de estudio y preparación, basta un momento, un pequeño acto de Fe, renovado cada día“.

¡Que Dios los bendiga!

P. Luis Montes IVE

Fuente: http://amigosdeirak.verboencarnado.net 

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