Por: P. Diego Cano, IVE

 

Continuación…

El tercer día llegó la aventura de ir hasta Ndairunde, que tiene de patrono a San Juan Pablo II. Esta aldea ha comenzado después de Busubi. Muy linda comunidad, y están realmente en el extremo de la parroquia, antes de llegar a la reserva forestal. Desde Nyasa, done había estado viviendo esos días, hice un total de 35 km pésimos, para poder llegar. Me llevó casi dos horas. En este lugar el catequista es muy bueno, y lleva muy bien a la gente. Hay un coro, hay niñas de las Watoto wa Yesu, y mucha gente. A esta comunidad unos amigos de Italia, Davide y Daniela, ¡les donaron la capilla completa! Así que la iglesia es muy linda, está nueva, pintada, y la comunidad la embellece más. Aquí también tuvimos 13 bautismos. Hubo un gran clima de familia, almuerzo y fogón, cantos y recitados de las niñas. Siempre se acuerdan de “Davide y Daniela”, y en cada fiesta les dedican cantos, y sobre todo las oraciones. Comencé mi regreso muy despacio, porque en el camino habían raíces de árboles que podían romper las ruedas, y quedarme en esos caminos, solo, cambiando una rueda… y de noche, puede ser mortal para los nervios. Llegué muy bien, y antes de que anochezca, a la casa misionera de Nyasa.

Me quedaba la última visita antes de regresar, la aldea de Seleli, y su patrono es San Martín de Porres. Seleli es otra aldea que ha surgido casi de la nada. Ellos tenían una capillita de palos y barro… que era realmente una lástima. Pude ir allí hace unos cinco años. Gracias a Dios, y la ayuda de una persona de Argentina, se pudo ayudarles a que hagan una viga de cemento y hierro para afirmar un poco las paredes, en una nueva capilla que habían comenzado, y luego techarla con chapas. Pero hasta allí han llegado, en tres años casi que no he visto ningún progreso en ese sentido. Lo bueno es que la capilla está, y que las lluvias no han podido con ella. Otra cosa buena es que la aldea tiene a varios maestros de la escuela primaria, algunos de la secundaria, y una enfermera del dispensario del estado, que llevan muy bien a la comunidad y les han “inyectado” fuerzas. Esta gente es muy de campo, hay mucho paganismo, por eso cuando viene alguien “de afuera”, ayuda mucho para cambiar un poco el pensamiento pagano.

Aquí hice nueve bautismos. Pero les cuento de Agnes, que es una niña albina, como verán en las fotos. Son en realidad dos hermanitos, a quienes ya he bautizado. Ellos viven con su abuela, porque el papá de los niños les dejó con ella, y además sufre de un poco de demencia, se ha ido abandonando a sus hijos. La abuela hace lo que puede, pero como siempre, estos niños sufren mucho. Tanzania es uno de los países con mayor índice de albinos en el mundo. Ellos sufren físicamente, porque la falta de melanina, les lleva a sufrir llagas por el sol, la piel siempre reseca, llagas en la cara, en las manos… algunas veces sufren daños en los ojos, etc. En algunas zonas de Tanzania también sufrían mucho moralmente, por discriminación, y sobre todo por la brujería, que hacía que los mutilaran (a veces matándolos y otros veces dejándolos lisiados), porque creen que sus miembros traen suerte. Una historia triste, pero que gracias a Dios ya va cambiando. Desde el gobierno hay campañas para ayudarlos y para prohibir cualquier tipo de abuso a los albinos. Estos dos hermanitos no han podido ir a la escuela porque al no tener dinero, no podían comprarles lo necesario. Sobre todo una crema que es costosa, pero que necesitan para poder protegerse del sol, y así puedan ir caminando hasta la escuela, varios kilómetros bajo el sol. También puedo decirles, con gran alegría, que hemos encontrado un benefactor que nos ayuda con todas las necesidades de estos niños albinos de Seleli, y ya comenzarán a ir al jardín de infantes, a pesar de ser grandes, pero que no han tenido la oportunidad ni de aprender swahili, por eso deben comenzar desde cero. La fiesta en Seleli fue muy sencilla, pero nos alegró mucho poder hacerla, en una aldea que sigue creciendo, a pesar de la distancia, de estar en medio de una zona de muchos paganos, de ser pocos cristianos, y de haber tantas necesidades.

Pude regresar a Ushetu luego de la visita a todas estas aldeas, la zona más alejada hacia el sur. Una alegría grande de haber podido hacer estos bautismos y visitar las aldeas que vemos tres o cuatro veces al año, con suerte. Una alegría ver que siempre hay progresos, sobre todo en la fe. En Miluli, me había olvidado de contarles, unos niños que habían estado en misa, me pidieron que los acerque a su casa que quedaba en el camino. Fue impresionante ver que estaban a casi tres o cuatro kilómetros, y que eran tan pequeños, una niña con sus tres hermanos más chicos, a uno de ellos lo cargaba en la espalda. Al llegar a su casa en “el auto del padre”, saludaron con gran alegría, y agradecieron con gran educación… fue para ellos la primera vez que subían en un auto, y les parecía estar en una nave espacial. Todo eso es increíble, reconfortante, y fuente de alegría para el misionero.

Mil gracias por sus oraciones.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE