Por: P. Diego Cano, IVE

 

Kangeme, Kahama, Tanzania, 20 de junio de 2020.

Llegó la semana de volver a Nyasa y poder hacer los bautismos en las aldeas que nos faltaron visitar. Siempre que veo las fotos de esa zona de la parroquia, tan lejos, y sobre todo en el tiempo que tenemos el río que nos impide llegar directamente, me parece estar viendo imágenes de otro lugar… allí todo es distinto, todo es lejos, todo es más pobre. Las aldeas que habían quedado para esta semana eran las más lejanas. De hecho, en la semana anterior, el cuentakilómetros de la camioneta decía 160 km recorridos, y al terminar esta segunda semana sumaba un total de 270 km. Si les contara que todos estos kilómetros son de caminos de tierra, solo una parte enripiado y asentado, pero el resto por senderos, pozos, charcos, ramas, raíces, árboles cortados, arena, zanjas… esos 270 km valen doble, o más.

La primer visita fue a Miluli, que tiene por patrono a Santo Tomás de Aquino. Esta aldea hace años que la visito y siempre es la misma. Sin embargo la pobre capillita de barro la cuidan y arreglan. Habían reparado la pared del fondo, donde está el altar. Ellos quieren construir una nueva iglesia, pero les he aconsejado que sigan arreglando ésta, porque pueden pasar varios años antes de que tengamos la nueva. En esta aldea hice sólo un bautismo, de una niña de unos 13 años.Costó bastante llegar, porque la última parte del camino va pasando por un sendero muy angosto, lleno de ramas y zanjas hechas por el agua en el tiempo de lluvias, en algunos momentos hay que cerrar las ventanillas por las ramas, y en otros la camioneta se inclinaba hasta que parecía que se iba a caer de costado. En el camino estaban esperando, como es costumbre, los niños para recibir al sacerdote con cantos. Son realmente muy gentiles, es un gesto muy sencillo, pero en verdad que luego de un viaje largo, y complicado, una recepción así es un regocijo y consuelo. Confesé un reato mientras rezaban el rosario, y luego comenzamos la misa. Al terminar, un poco difícil que participen en la fiesta, pero gracias a la música, y a la ayuda de los niños, el clima de fiesta se disfrutó.

El siguiente día fui a Busubi, que tiene de patrona a Santa Bernardita. Es una aldea relativamente nueva. Si no me equivoco, ha comenzado hace unos tres o cuatro años. Ya les he escrito crónicas sobre Busubi (que significa “Leopardo”, que se ve que en esta zona se los veía antes). Es una zona de paganos-paganos. Habían comenzado con un catequista que al poco tiempo comenzó a vivir en poligamia. Gracias a Dios recapacitó y ya está viviendo bien otra vez. La capilla tuvo su bajón en el tiempo que estuvieron sin catequista, pero ahora está repuntando poco a poco. La última vez que había venido a celebrarles misa, vi que la iglesia estaba en muy mal estado, el techo de pajas muy inclinado, y les dije que esa iglesia no iba a pasar el tiempo de lluvias. Dicho y hecho. Se calló en las últimas lluvias de este año, y ahora rezan en el aula de la escuela primaria. Allí tuvimos la misa de bautismos y los festejos. Es increíblemente pobre esa escuela, como todas las de esa zona. El aula no tenía ni ventanas, ni enlucido en las paredes, ni piso de cemento, y pude leer en una placa en el frente que había sido inaugurada el 2013. Es decir que en siete años, casi ningún progreso. Al frente estaban construyendo nuevas aulas, pero que les falta mucho, pues sólo han terminado las paredes. Aquí se bautizaron 13 catecúmenos. Fue muy lindo. Los festejos afuera, ayudado esta vez por el coro de la aldea vecina, que habían sido invitados para solemnizar. Después de la comida y la fiesta, fuimos caminando hasta el lugar donde estaba la capilla, y visitamos la construcción de los cimientos de la nueva capilla que vamos a levantar, en el mismo lugar, pero un poco más grande. Ellos mismos se han esforzado en llevar las piedras, arena, agua, y cemento… y pensamos que podremos construir algo más duradero, con buenos materiales. Para eso ya estamos rezando a San José para que encontremos donantes.
(Continúa…)