Hace tiempo que hemos terminado la convivencia del menor y seguramente que aquellos que alguna vez han podido disfrutarla se les vendrá a la memoria los gratos recuerdos de los “atardeceres de fuego, de mate y de pesca y tanto guitarrear…” En este año no se cumplió todo al pie de la letra, ya que cada año tiene sus particularidades; ¡En esta convivencia no se pudo pescar nada! Fue el año que menos agua se registró en el Nihuil, igualmente eso no impidió en que vivamos unos días alegres y hermosos por gracias de Dios.

La convivencia empezó el 2 de febrero, por la escasez de agua y la poca pesca, comenzamos haciendo varias salidas en las primeras semanas. La primera salida fue una prueba a modo de exploración al fondo del lago… ¡pero fracasó!, por la escasez de agua era todo barro; así que partimos todos juntos hacia la represa Agua del Toro, donde acampamos tres días, con mucho sol y un lago inmenso para bañarnos. Cabe destacar la hermosura del paisaje (salimos hacer una excursión por un cañadón y las formas de las piedras nos llamaron mucho la atención por sus variadas figuras); los animales que se nos aparecieron, las llamadas chinchillas (especie de conejo con cola larga y con mucha habilidad en la montaña); playas rodeadas de paredes gigantes de piedras, donde guitarreamos largos ratos. Tampoco pescamos nada pero la pasamos muy bien. Desde allí retornamos hacia la casa San Héctor Valdiviezo.

No dejamos pasar muchos días para salir de nuevo, rumbo al conocido “Cañón del Atuel”. Antes de salir retrasó nuestra partida una tormenta, esperamos a que pare e inmediatamente salimos con buen espíritu, pero con poco cálculo. No habíamos caminado demasiado cuando empezó a llover nuevamente, así que nos empapamos y tuvimos que volver en busca del colectivo. Así que la salida igualmente la  realizamos en colectivo. Llegamos hasta un camping, que está dentro del cañón, donde hicimos noche. Al día siguiente escalamos unos cerritos de por ahí y partimos para el Menor, después de un buen helado, llegamos al Seminario donde tuvimos la Santa Misa, disfrutamos un buen rato y comimos choripanes.

Este año tocaron cuatro días de intensa lluvia (algo poco común), así que, con tortas fritas, películas, juegos y competencias, esos días se nos pasaron volando.

Ya sobre el final de la convivencia, los más grandes, junto con los padres Gonzalo Gelonch y Martín Juillerat partieron hacia Valle Hermoso, allí rompieron la mala racha, sacaron 23 truchas con la mano (especialidad del menor que nos enseñó el P. Diego Cano) y escalaron el cerro “San Juan Apóstol” (antes “Desecho”), esta salida siempre se hace como una despedida para los que terminaron el seminario Menor y como una bienvenida a los del último año.

Los más chicos aprovecharon esa semana para disfrutar de los deportes náuticos (tabla, sky acuático, catamarán, optimist, canoa), y de la playa, donde hicieron campeonatos de tejo y castillos, entre otras cosas. Era notable como copábamos la playa, porque no había nadie y en el lago solo estaba nuestra “flota”, que literalmente era una flota porque teníamos varias embarcaciones andando a la vez. Aquí hay que destacar y agradecer a nuestro querido fundador el P. Buela, ya que sin su ayuda no hubiésemos podido gozar de esa “flota” y esto se lo pudimos agradecer directamente porque hablamos por teléfono con él el día de San Pedro y San Pablo, para el cual el padre había pagado un asado que disfrutamos en el patio del Nihuil.

Como siempre, el último día fue inolvidable. Comenzamos con una hermosa misa solemne en la iglesia del Nihuil, con las familias, en la que se da gracias por todos los beneficios recibidos y se despide a los que pasan al noviciado,aprovechamos también para despedir al P. Gonzalo Gelonch que dejaba su puesto de rector al P. Martín Juillerat. Luego hubo un almuerzo en el que también estuvieron presentes las familias, seguido de un agradable y familiar fogón con entrega de premios. Como ya es tradiciónlos que pasaban al noviciado terminaron cantando una zamba al menor. Después nos quedó la tarde libre para disfrutar de la playa con deportes, cantos y las acostumbradas “milanesas” a los menores que culminaban esta etapa de formación.

En pocas palabras, esofue la convivencia del 2014. Eso y todo lo que cada uno vivió en su interior, personal y comunitariamente, porque la convivencia es un tiempo de adquisición de virtudes. En toda nuestra vida tenemos que dedicarnos al trabajo para alcanzar virtudes y así es en el menor, pero especialmente en el mes de febrero se nos da la oportunidad única de alcanzar estas flores que son las virtudes de un modo más intenso y fuerte. Es en la convivencia donde uno puede y debe aprovechar para buscar conseguir lo que más le cuesta, porque es un tiempo de grandes gracias y principalmente de unión de la comunidad como familia en la caridad y en la alegría; y  ambos dones brotan de la cruz y del amor a ésta.

Dios quiera seguir dándonos convivencias, porque en ellas recibimos muchas gracias.

Antonio Giangrecco y Aldo Rossi, seminaristas menores.

Seminario Menor San Juan Apóstol, Instituto del Verbo Encarnado 

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