Habíamos contado y dado gracias a Dios, en la anterior crónica, sobre la profesión religiosa del seminarista Marc y de lo que fue el inicio de nuestro viaje por el norte ecuatoriano.

Podríamos decir que nuestro recorrido por Ecuador fue un internarse en las montañas cubiertas de vegetación selvática. A cada paso quedábamos admirados de tantos bienes de naturaleza con los que Dios había bendecido nuestra tierra de misión. Y no fueron menos los ejemplos vividos para el alma.

Ríos, selvas, aves, flores, etc., todo ello canta la indecible belleza del creador.

En la zona de Baños, todo cerca del santuario de Nuestra Señora de Agua Santa, pudimos visitar la ciudad de Shell, donde nos maravillamos con el zoológico que tienen los militares. También pudimos observar otras bellezas geográficas como el “manto de la novia”, “rio verde” y “rio negro” (cuyos nombres condicen lo que vimos).

Pailón del Diablo
Pailón del Diablo

Pero de todo esto, lo mejor fue ciertamente el poder venerar la imagen de nuestra Madre.

Este santuario mariano, fue construido entre los años 1904 y 1944. Y está adornada en su interior con los distintos milagros atribuidos a la Madre, que la hacen resaltar mucho más que la belleza de su arquitectura. La ciudad y el santuario fueron fundados por los padres dominicos quienes llegaron a este “pedacito de cielo” en 1887.

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El milagro más importante es la especial protección de la Virgen hacia ésta población en las distintas erupciones del volcán Tungurahua y la protección sobre los peregrinos.

En el año 1957, por decreto de su santidad Pio XII, fue coronada canónicamente como Patrona de las Misiones Católicas del Oriente Ecuatoriano. También en 1959, el Card. Arz. de Quito Carlos María de la Torre coronaba a la Virgen y el presidente de la nación Dr. Camilo Ponce (1956-1960) le entregaba el bastón presidencial invocando su auxilio sobre la nación.

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Después de ver a la Virgen ya no queda mucho más que ver, todo pasa a otro plano inferior: los baños termales, los zoos, las cascadas y los ríos. Todo fantástico, pero nada como la Virgen.

Terminada nuestra estadía de tres días, fuimos hasta S Antonio de Ibarra, lugar conocido por muchos por su arte en el trabajo de la madera. Recorrimos varios talleres, pudimos hablar personalmente con Alcides Montesdeoca, una eminencia en estas artes y por así decirlo, el padre artístico de muchos artistas de S. Antonio.

En esta ocasión, pudimos gozar de la amistad y espíritu de un amigo sacerdote y del candor familiar de los suyos. Todo al mejor estilo familia, preocupados por nosotros. No pudimos menos que ofrecerle nuestra ayuda para confesar y celebrar Misas.

En compañía del padre de este joven sacerdote (P. Iván) fuimos a visitar dos santuarios marianos. El primero de ellos, construido en el interior de una gruta natural formada por la erosión del río. No surgió de alguna aparición sino de la sola fe de los hombres que imploraban la paz para el mundo (1945). El otro es también fruto de la fe cristiana palpitante en nuestros hermanos colombiano, pero que sí tuvo origen con el hallazgo de la Virgen. En Lajas, ciudad limítrofe al sur con Ecuador, una pequeña sube hasta unas rocas donde encuentra a la Madre del cielo. Allí comienza el inicio de la advocación a N S de las Lajas.

 Virgen de la Paz.

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Virgen de las Lajas (Colombia)

“La perla más bien pulida que en fina concha se cuaja es la Virgen de las Lajas en la laja aparecida” (1959 – Fray Juan de santa Gertrudis OFM)

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Dejamos atrás otro ejemplo sacerdotal y nos dirigimos a san Miguel de los Bancos. Este “barrio” (parroquia, como le dicen en Ecuador) tuvo el honor de ser fundado entre tantos otros lugares de la zona, por un religioso dominico, llamado Bernabé de Larraúl. Este sacerdote se recorría toda su misión a pie, de carácter fuerte pero educado, se ganó el respeto de los hombres.

¿Por qué san Miguel de los Bancos? Porque curiosamente, cuando llegó por primera vez a esta tierra lo que encontró fue unos banquitos así que le encomendó el naciente pueblo a san Miguel. Parece broma.

En esta ocasión, Dios nos preparaba el abrigo de una familia humilde pero bien sentida. Con trabajo continuo, enseñaron a sus hijos a valorar por sobre todo la familia.

 Valorando

“Asimismo, junto con la educación de la inteligencia, es necesario formar adecuadamente la voluntad, mediante la práctica constante de todas las virtudes y el dominio de las pasiones, de manera tal que siempre y en todo se busque y elija sólo el bien mejor. Queremos formar hombres auténticamente libres, dueños de sí mismos, que por poseerse puedan darse totalmente. En este aspecto consideramos muy importante la práctica de deportes, la realización de campamentos, convivencias, etc.”

Pues bien, creemos que todo esto tuvo lugar en esta convivencia, porque no faltaron momentos de difícil convivencia en medios de grandes momentos. Pudimos valorar el valor del sacerdocio como entrega generosa por las almas y de las familias cristianas.

Pudimos palpar la guía de la Divina Providencia, conocer la historia de religiosos entregados a la vida religiosa así como al trabajo pastoral.

Seguramente hay mucho más que agradecer y valorar, pero creemos que esto que hemos dicho puede darnos a todos una idea de cuánto se preocupa Dios de nosotros y que nos hace vivir en carne propia aquello del ciento por uno.

Demos gracias a Dios por tantos bienes y esperamos ser dóciles y fieles a las gracias que Dios nos dé en cada momento.

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