El 28-30 de Abril, participamos (H. Guadalupe, SSVM y yo) en el congreso sobre los cristianos perseguidos en las Naciones Unidas en Nueva York.

Debo confesarles que aún estoy conmovido por lo que hemos vivido. Creo que lo estaré siempre, debido a la oportunidad que Dios me dio de vivir estos días tan intensos entre diversos testigos directos de la persecución de los cristianos en Medio Oriente y África. Había Obispos, sacerdotes, religiosas, padres de jóvenes asesinados, víctimas de graves crímenes y atrocidades, autoridades políticas y civiles, etc.

Los organizadores fueron un grupo de laicos católicos, generosos y empeñosos, que conocieron esta realidad hace algunos años y tomaron la resolución de hacer algo efectivo en favor de las víctimas. Qué ejemplo nos dan de tenacidad, entrega y efectividad.

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La Santa Sede fue el país que auspició y apoyó el evento. Todo fue cuidadosamente revisado y controlado, debido a las dificultades y restricciones que significa hacer un evento así, en las dependencias de la ONU y sobre un tema políticamente muy incorrecto.

El objetivo era contar el testimonio de los cristianos perseguidos y otras minorías religiosas, por boca de testigos directos, para llamar a la ONU a la acción concreta: declarar que lo ocurrido es un genocidio muy bien documentado. De este modo se hace presión para que se tomen las acciones de defensa, protección y asistencia concretas en beneficio primordial de los cristianos y dichas minorías.

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Fueron cuatro días de trabajos muy intensos. Reuniones, planificación estratégica de la acción, exposiciones con temas muy difíciles, profundos y dolorosos, testimonios e imágenes muy fuertes, entrevistas a diversos medios de comunicación, etc. Todo esto se llevó a cabo en un marco de profunda fe y deseo de hacer el mayor bien posible.

Antes de ir a las actividades, se celebraba la Misa diariamente. Se notaban los rostros cansados por el trabajo y la experiencia vivida por los testigos, pero conmovidos y deseosos de suplicar la ayuda de lo alto. Presidian los Obispos de Alepo, Siria y el de Kafanchan, Nigeria. Predicaban sobre el amor a la cruz, la persecución a los cristianos y el ejemplo que nos brindan. Nosotros sacerdotes, p. Douglas Al Bazi (Irak) secuestrado y torturado por ISIS, y yo, concelebrábamos. Y participaban los otros testigos y víctimas de las masacres y los organizadores, todos en actitud de sentida oración.

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Los encuentros durante las comidas se desarrollaban en un clima de amistad y alegría. Era como si nos hubiéramos conocido siempre, compartíamos las historias, nos emocionábamos, pero también brotaba una gran alegría al recordar la perseverancia de este enorme número de confesores y mártires por Cristo. Todos reconocíamos la gracia de haber vivido con ellos y lo mucho que aprendimos de sus vidas. Los rostros de los cristianos perseguidos, con profundas huellas del más atroz sufrimiento, se iluminan y alegran, porque encuentran el tierno rostro de Dios en medio del horror.

Comenzó el evento, en una de las salas plenarias de la ONU, con las exposiciones generales sobre el tema del genocidio, por parte de una serie de laicos que hace un año quisieron dedicarse a realizar decisivas acciones internacionales en favor de los cristianos perseguidos y otras minorías, a nivel internacional. Todos con un compromiso sacrificado y firme que ha logrado, con el apoyo de tantos testigos, resoluciones que pueden cambiar la historia de las comunidades cristianas en diversas partes del mundo y que puede ayudarles a sobrevivir en medio de tanta violencia y muerte.

Luego vinieron los dramáticos relatos de los testigos y víctimas de este genocidio en diversas partes del mundo.

Escuchamos por ejemplo, la Historia de Kayla Mueller de labios de sus padres Carl y Marsha.  Con 26 años, Kayla fue secuestrada por Estado Islámico y trasladada Raqqa, bastión de la organización terrorista en Siria. Con mucha emoción, los padres de la joven leían sus cartas que hablaban de como la mirada hacia Dios fue su paraíso en el infierno del secuestro y posteriores torturas y asesinato. Escribió Kayla desde la prisión: “Recuerdo que mama siempre decía que al final al único que tienes es Dios. He llegado a un punto en mi experiencia en donde, en todos los sentidos de la palabra, me he abandonado a nuestro Creador, literalmente no hay nada más. Por Dios y por sus oraciones me lanzo tiernamente en caída libre. No me he hundido, voy a seguir luchando. No tengáis miedo por mí, gracias a Dios volveremos a unirnos”.

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Samia Sleman, de 15 años, era una joven yazidí que fue secuestrada por Estado Islámico con tan sólo 13 años, vendida como esclava sexual y violada en múltiples ocasiones, junto con cientos de niñas que aún se encuentran en cautiverio. Relató la historia de su pueblo y de los horrendos crímenes contra las mujeres perpetrados por los grupos islámicos involucrados en el conflicto de Siria e Irak.

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El testimonio de Mons. Joseph Danlami Bagobiri (Obispo de Kafanchan, Nigeria) fue muy iluminador para conocer la situación de los cristianos de Nigeria. Nos decía que ha perdido a gran parte de sus fieles por los crímenes de Boko Haram.

Conocimos los detalles de la historia de p. Douglas de Irak, su secuestro y el perdón a sus captores y torturadores. Y también nos contó sobre su búsqueda de ayuda en el exterior, y justicia para las familias cristianas iraquíes que él cuida en Erbil, en la que es párroco. Ha construido con sus manos un refugio para dichas familias cristianas.

Escuchamos el sentido testimonio de Mons. Jean-Clément Jeanbart, Arzobispo Greco Católico de Alepo en Siria, su dolor por los crímenes contra el pueblo sirio y su llamada a ser testigos de Cristo aun si esto significa la muerte. “Yo ya soy viejo dijo, pero que al menos mi testimonio exhorte a las nuevas generaciones a dar la vida por Cristo”. Dio las gracias porque por primera vez le permitían hablar a nivel oficial e internacional, de lo que realmente sucede en Alepo y en toda Siria. Y critico firmemente la mentira de la que hablan los medios oficiales, y que responden a los intereses de ciertos países y organismos internacionales.

Y por último nos tocó hablar a nosotros, la hermana Guadalupe (ssvm) y yo. Hicimos hincapié en la diferencia tan grande que encontramos sobre lo que se dice y piensa del conflicto en occidente y aquello que fue nuestra experiencia en el lugar. Y cuán importante es aprovechar el testimonio de los mártires y confesores de la fe de Siria. Son una riqueza para toda la Iglesia. Instamos a asumir un serio y honesto análisis de las causas, entre ellas el islam y su acción a lo largo de la historia. E insistimos en darse cuenta de la indiferencia e ignorancia de las personas respecto de este genocidio y que también penetra en ciertas personas y comunidades en la Iglesia. Y por último en la ideología con que se maneja el problema de la persecución y crisis de refugiados; y la falta de acción por parte de los organismos y comunidades de todo tipo.

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En este evento también participaron prominentes testigos de esta persecución de los cristianos como Masih Asiq y Eisham Asiq, esposo e hija de Asia Bibi; y Joseph Fadelle, el escritor iraquí, musulmán convertido al cristianismo.

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Al final del encuentro los organizadores entregaron a la Oficina del Secretario General de la ONU una petición apoyada por 400.000 firmas solicitando que se declaren como genocidio las atrocidades cometidas por el Estado Islámico.

Supimos durante esos días que personas involucradas en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas quedaron impactadas y ya comenzaron a hacer las gestiones para apurar una solución a este genocidio. Solo Dios sabe realmente cual ha sido el impacto de este evento. Solo Él sabe a qué nivel y a cuantas personas ha favorecido escuchar el testimonio de este gran número de testigos, nuestros mártires de este siglo.

Querida familia religiosa, ha sido un honor y una gracia participar en este congreso tan importante. Creo que esto también es un regalo para todos en este momento crucial de nuestra familia.

Y que la sangre de los mártires de medio oriente y África, nos alcance las gracias que necesitamos todos y cada uno.

Dios los bendiga mucho,

P. Rodrigo Miranda, IVE

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