5 de agosto de 2019

El sábado 3 y domingo 4 de agosto, dio inicio la Conferencia General de Superioras Provinciales de las Servidoras, con una peregrinación a Siena a fin de profundizar un poco más en la vida y doctrina de la “Mística del Verbo Encarnado”, como la definió San Pablo VI en la homilía para la declaración de Santa Catalina como Doctora de la Iglesia.

Luego dela clausura del IVEmeeting en Roma nos encaminamos hacia el “Eremo di Lecceto”, tal como es conocidoen las afueras de la ciudad de Siena un antiguo Monasterio de Monjas Agustinas que nos alojaron y que en su estructura custodian una memoria importante de Santa Catalina. Se trata de una celda en cuyo ambiente de silencio amaba refugiarse para discurrir en místicos coloquios con un ermitaño inglés de nombre William Fleet (1375) al que solía pedir consejos.

Por la mañana del domingo comenzamos ya en la misma ciudad de Siena un itinerario en el que nos detuvimos en 12 puntos principales a modo de “estaciones”, que están estrechamente ligados a la vida de la Santa.

Comenzamos por Fontebranda, la más antigua y famosa de las fuentes de Siena, que remite a la vida e historia familiar de la Santa, conocida justamente como “la Santa de Fontebranda”. Fuente de la cual su padre Jacopo Benincasa que era tintorero, extraía el agua para teñir las telas. Continuamos por la subida de la “Vía del Costone”, para llegar al lugar en donde a los 6 años tuvo la primera visión que marcaría su misión espiritual: la visión de “Cristo Pontífice”, en la que Nuestro Señor se le manifestó en todo el esplendor de sus vestiduras pontificales, rodeado por los Santos Apóstoles Pedro, Pablo y Juan. Es necesario partir de aquí para entender el amor de esta Santa por la Iglesia y su concepto del Verbo Encarnado como “Puente, es decir, Pontífice” del que está impregnada su profundísima doctrina.

Seguimos hasta el Bautisterio de la Catedral de Siena y la escalera que se abre del lado de la pared norte de la misma, en la que se puede ver uno de sus escalones de mármol signado con una cruz. Para marcar el lugar en el que Santa Catalina fu empujada por el demonio. Aquí fue posible pedir su intercesión para que nos enseñe a discernir los engaños del diablo confiando en la oración de Nuestro Señor al Padre: “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno”.

Por una calle hacia abajo de la Catedral, nos detuvimos en la zona en donde se encontraba la casa de una de sus más fieles seguidoras Alessia Saracini, a donde frecuentemente Santa Catalina acudía y que fue escenario de numerosos episodios en los que su misma discípula la vio realizar fervientes oraciones que elevó implorando misericordia para muchos, y obteniendo que se revirtieran situaciones extremas que parecían de imposible solución.

Pasamos también por el edificio que fuera el Hospital de “Santa Maria della Scala”, que alberga un Oratorio conocido como “Santa Catalina de la noche” en donde se recogía en oración, así como para descansar breves instantes en medio de la atención incesante que prodigaba a los enfermos aún durante la noche.

Nos dirigimos después a la Casa Natal, otro de los escenarios más ricos en testimonios de su extraordinaria vida mística. Comenzando desde el mismo Pórtico que es muda evidencia del reconocimiento que de su santidad y sublime doctrina han dado los Papas a lo largo de la historia, desde el mismo Pío II que la elevó a los altares en 1461, resaltando entre otras cosas en su Bula de canonización que todos quienes se le acercaban se iban siempre más doctos y mejores. Pidiendo quiera Dios también a nosotras a imitación suya en proporciones más humildes, hacernos recorrer el mismo camino de santificación que sirva asimismo a la edificación del prójimo.

Nos detuvimos luego en el Oratorio de lo que fuera la Cocina, entre cuyas paredes aprendió a ejercitarse en el arte de “la celda del conocimiento de sí”, es decir “la celda interior” en la que aprendió a recogerse instruida por el Espíritu Santo, para concentrarse en lo más hondo de su alma y desafiar de ese modo a cualquier impulso que la inclinase a desistir de sus propósitos, frente a la resolución de la familia que queriendo impedir su consagración, la obligaba a desempeñar todos los trabajos serviles de la casa de manera de impedirle retirarse físicamente a la soledad de su celda. Dejándonos con ello la constatación perfecta de que “el Reino de Dios está dentro de nosotros mismos” (cfr. Lc 17,21).

Luego el Oratorio de lo que fuera su habitación, en donde entre otros hechos sobrenaturales, tuvo lugar a los 23 años su desposorio místico con Nuestro Señor, de manos de la Santísima Virgen Maria, quien se ocupó en persona de presentarla a su Hijo para que se desposase con ella en la Fe.Y la Iglesia del Crucifijo, que custodia la Cruz original (trasladada desde la Iglesia de “Santa Cristina” en Pisa), de frente a la cual recibió los sagrados estigmas en 1375, a los 28 años. Prueba irrefutable de su conformación absoluta con Cristo Crucificado y por lo tanto, de su devoción inigualable por la Sangre del Verbo Encarnado, con la autoridad de la cual firmaba todas sus cartas. La Sangre Divina, de la que le bebió abundantemente en numerosas ocasiones directamente desde la Herida del Costado de Nuestro Señor y acerca de la cual gustaba insistir que es el tesoro de la Iglesia, como dice en el Dialogo de la Divina Providencia; definiendo a la Iglesia como a “la custodia de esta Sangre” que la llevaba a venerar en consecuencia con una reverencia purísima,a la persona de los ministros de la Iglesia: los Sacerdotes, por ser ellos los “Ministros de la Sangre”, es decir, los que poseen la llave para derramarla sobre las almas mediante los sacramentos.

Culminamos la serie de estaciones en la Basílica de Santo Domingo, comenzando por la “Capilla de las bóvedas”, así designada a la que actualmente ocupa lo que debería haber sido la parte de la fachada e ingreso oficial de la Basílica y a la que finalmente se termina accediendo hoy en día solamente por la parte lateral izquierda, para dejar intacto en este lugar el sitio en el que también se sucedió la otra mayor parte de los hechos místicos de su extraordinaria vida, como por ejemplo el intercambio de corazón con Jesucristo, el rezo del breviario en su Divina compañía, la imposición de su hábito como terciaria dominica, sus éxtasis, etc.

De allí a la capilla central en donde se custodia su sagrada cabeza, para rezarle la oración y letanías a ella dedicadas y finalmente encomendándonos a la Santísima Virgen ante una imagen suya representada en un hermoso cuadro en el que se la ve rodeada, entre otros santos, de la misma Santa Catalina y de su Santo Fundador Domingo de Guzmán.

Siendo estos lugares ocasión para rezar por nuestro fundador, por toda nuestra familia religiosa, nuestros laicos de la tercera orden y por las necesidades de todos nuestro miembros.

A María Santísima nos hemos encomendado también pidiéndole,tal como reza la fórmula de renovación de votos que hacemos mensualmente, que nos alcance los bienes de ser “incondicionales de la Trinidad, abrazadas inextricablemente a la gracia, fieles a los cuatro votos y triunfadoras en a Misa”.

Pedimos para todas las Servidoras que en este tiempo, así como en el año próximo en que nos dedicaremos a un mayor conocimiento de Santa Catalina de Siena, nos obtenga ella misma la convicción de estas tres cosas:

  • De la necesidad de profundizar ampliamente en su doctrina, que es en definitiva la profundización en el misterio del Verbo Encarnado y Crucificado.
  • De la necesidad de buscar imitarla.
  • Y de la necesidad de implorar su protección e intercesión en estos tiempos para Nuestra Familia religiosa.

Madres Provinciales, Conferencia General, SSVM