En la fiesta del Bautismo del Señor, en nuestra parroquia sucedió algo, que hizo que toda la comunidad parroquial participara de una gran alegría: el bautizo de una pequeña niña de 3 años y la realización del primer paso de catecumenado de algunos adultos.

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El P. Diogenes en el sermón nos exhortó a todos, entre otras cosas, a ser consecuentes con nuestras promesas bautismales. Cuando la mamá y los padrinos de la niña rechazaron las obras del demonio, recordé lo que dicen nuestras Constituciones: “la consagración con los tres votos hunde sus raíces en la consagración bautismal, de la cual es la expresión más perfecta, pues quien así se entrega a Dios lleva a su máxima perfección las exigencias bautismales”.

 Luego del bautismo, se realizó el primer escrutinio del bautismo de adultos. En dicho momento, el sacerdote pregunta si están preparados para recibir el santo bautismo, el nombre  que  han elegido y les hace entrega de la cruz y del evangelio como señal de aceptación del la fe que recibirán. Esta será la primera vez en varios años en la que seremos testigos de un número considerable de adultos que se bautizaran en  Pascua. Ellos seriamente se están comprometiendo para ser miembros de la Iglesia.

Nuestra parroquia en Kazán y puede decirse de la Iglesia Católica en Rusia, ha experimentado un gran renacimiento. Cuando los padres y las hermanas trabajaban en la Capilla del Cementerio el grupo de fieles era reducido, y más aun los que asistían dominicalmente a la Santa Misa. Actualmente, tras la entrada de miles y miles de neo conversos en el cristianismo, la Iglesia se ha llenado de personas totalmente nuevas. Cada una de ellas ha sido encontrada por Dios. A menudo han sido encontradas “sin ayuda ajena”, por caminos enteramente singulares, mediante una conversión súbita. Ellos han crecido en una época y en un mundo en el que se pretendió arrancar de raíz el cristianismo, pero al mismo tiempo son la señal de que los que intentaron hacerlo no  lo han conseguido. La sangre silenciosa de los mártires, las oraciones ahogadas de las “abuelas” y el testimonio valiente de tantos religiosos y sacerdotes no han sido estériles.

Estas personas que ayer hicieron público su deseo de bautizarse han llegado de esta manera. Estas personas son testimonios sensibles que Dios desde el profundo del corazón habla a sus hijos, y ellos han sabido libremente responder afirmativamente a Nuestro Señor.

Durante la Santa Misa también agradecí a Dios el haber escuchado el mandato de Nuestro Señor: “Id y bautizad a todos en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo”, agradecí a Dios la gracia de ser misionera y de pertenecer a una congregación que tiene deseos de misionar, aun en los países en los que se sufren grandes dificultades, como en Siria, Gaza, etc.

Les pido que tengan presentes en sus oraciones a estas personas que recibirán el bautismo en la próxima pascua, y por nosotros para  que seamos “servidores fieles” en la tarea encomendada.

En el Verbo Encarnado y su Santísima Madre,

Misioneras SSVM en Kazán.

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