El día de hoy, 19 de julio, comenzaron las sesiones con la exposición sobre formación permanente. Analizadas las herramientas con que contamos actualmente para ayudarnos todos en este proceso que dura toda la vida, se habló largamente sobre medios para optimizarlos, para reconocer las distintas situaciones y necesidades, para seguir formándonos siempre y mejor en todos los aspectos de nuestra vida sacerdotal y religiosa.

En la segunda sesión, se abordó el tema de la inculturación del Evangelio. El término es nuevo pero no la realidad, ya en las Sagradas Escrituras lo vemos; sin duda el ejemplo sublime y paradigmático es el Misterio de la Encarnación. Por ello este aspecto no se refiere solamente a un fin extrínseco de nuestro obrar, y mucho menos accesorio, sino que es en sí mismo  expresión profundísima de nuestra espiritualidad. En nuestra vida en la misión implica un proceso, a veces largo, no pocas veces bajo algunos aspectos doloroso, porque conlleva un despojarse de “lo propio” y aún de sí mismo, para “asumir todo lo auténticamente humano” y elevarlo. Afrontarlo con humildad, respeto, perseverancia, es un gran gesto de amor por las almas.

El resto de las sesiones de la mañana y la primera de la tarde fueron dedicadas a misiones ad gentes y algunas misiones emblemáticas, y los apostolados cualificados allí. Sin duda es continuación de la exposición anterior, ya que el misionero necesita un fino discernimiento para no desdibujar el evangelio y para inculturarlo realmente. Si cuando al inicio del Capítulo veíamos con gozo los frutos del apostolado que Dios nos concede en todo el mundo y especialmente en estas misiones que deben ser para nosotros “la niña de los ojos”, hoy hemos podido reflexionar un poco más sobre el hecho mismo de la presencia de la Iglesia allí, por medio nuestro. “Id por todo el mundo…” no sólo no excluye los lugares más difíciles, a veces bajo persecución y peligros, sino que es allí donde esa presencia de Cristo por sus misioneros y sacramentos se luce y se derrama, y hace verdaderos milagros.

En la última sesión de la tarde, el tema fue el de Patrimonio del Instituto y carisma. Los documentos de la Iglesia, la reflexión teológica (y Santo  Tomás en su lugar central) y nuestra misma experiencia como joven Instituto guiaron la reflexión sobre los elementos propios y característicos de nuestro carisma, nuestras obligaciones con respecto a él, las fuentes en las cuales abrevarnos del Espíritu que lo vivifica.

Por la tarde hubo además trabajo por comisiones. Además de las ya nombradas, se formó una comisión para estudiar la posibilidad de legislar más concretamente forma y modo del hábito religioso.

Queremos agradecer a todos las asiduas oraciones por el Capítulo. Sus frutos están en las manos de Dios y de la Virgen, serán sin duda superiores a lo mejor que pudiéramos esperar. Por esto y confiados en ello, a nosotros sólo cabe dar testimonio de cómo sentimos cercanos a todos los miembros de nuestra gran Familia, y cómo sin duda Dios va derramando sus gracias en nuestros corazones ¡Bendito sea Dios!

En el Verbo Encarnado  y María Santísima.

Miguel Soler, IVE

Vocero

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