Por: P. Diego Cano, IVE

 

Ushetu, Tanzania, 28 de marzo de 2020

Queridos amigos, espero que estén muy bien. En estos días muchos de ustedes escriben para preguntarnos: ¿cómo están por  allá por la misión de Tanzania?

Me gustaría contarles, sobre todo para que estén tranquilos, pero a la vez para que sigamos rezando siempre unos por otros. Escribo con cierto temor, sobre todo de poner afirmaciones muy personales, que con la velocidad con la que cambian los acontecimientos, en muy pocos días los hechos pueden dejar sin ningún valor las palabras.

Primeramente, he dejado de escribir en los últimos días, y en varias ocasiones pensé escribir, pero me parecía un poco trivial ponerme a contar cosas muy particulares de la misión, al tiempo que en tantos lugares del mundo están viviendo una situación muy difícil. Por otra parte, la velocidad con la que llegan noticias, saludos, videos, información, hace difícil procesar todo, y a la vez seguir con el ritmo de vida lo más «normal» posible.

Pero vamos, intentaré hacer una crónica, en medio de esta circunstancia tan particular, y con el deseo de que esta crónica, luego de algún tiempo… se trate sólo de recuerdos de algo que «ya pasó».

Les cuento que a medida que comenzaban a llegar las noticias del avance de la pandemia, debíamos seguir organizando nuestras actividades, mirando de reojo las noticias. Por gracia de Dios pudimos tener tres tandas de Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Ha sido providencial que los pusimos en cuaresma, antes de la Semana Santa, y que a todos nos ha ayudado para poner el espíritu bien alto.

La primer tanda fue de los seminaristas, hermanos, y novicios, quince ejercitantes en total. A ellos se les sumaron la novicia de las hermanas y la postulante, quienes escuchaban las meditaciones junto a los seminaristas, y regresaban a su casa, ya que no tenemos abundancia de predicadores, sobre todo en swahili, y también por la gran cantidad de trabajo pastoral, que se sigue llevando a la par. Esta tanda la predicó el P. Víctor Guamán, recién llegado de sus vacaciones en Ecuador. Como gran novedad de esos días tenemos que contarles que aceleramos los trabajos para poder tener la iglesia lista para rezar.

La noche anterior pusieron unos paneles solares y luz, la tarde anterior se terminó de pintar el interior, y colocar una ventana en el frente. Siempre trabajando «contra reloj». Las ventanas estaban sin los vidrios, pero no influye porque así es mucho más fresca, aunque un poco molestaban los bichos a la tarde-noche. Sin embargo, todo un lujo, tener un lugar para rezar. Hace casi tres años que tienen la misa y la adoración en el comedor, trasladando el Santísimo desde una pequeña capillita.

La nueva iglesia permitía que las charlas fueran en el comedor, y que en la iglesia siempre estuviera el sagrario, y que se pudieran hacer todas las meditaciones en un buen clima de oración. Pueden ver en las fotos que tenemos una imagen de la Virgen de Luján, donada por la madre Corredentora; un San José donado por la familia de la Hna Divine Love, de Australia, lo mismo que el hermoso Sagrario; y una cruz traída de Alemania, donada por una señora Argentina que vivía en Dar es Salaam. La iglesia, si bien le faltan varios trabajos, está muy linda. Nos ha cambiado la vida. La hemos construido gracias a la donación de mi mamá, Ana María, en sus inicios, en el empujón inicial que siempre es tan importante. Luego nos han seguido ayudando donantes de Italia y de Australia. Todos ellos nos han pedido que en esa iglesia, los sacerdotes, seminaristas, hermanos, todos… se acuerden de rezar por ellos y sus familias. ¡Y así lo hacemos siempre! Y sobre todo en estos momentos, para que Dios los proteja y guarde de todo mal, del cuerpo y del alma.

La otra tanda de Ejercicios la hicieron cinco hermanas de las Servidoras, en una casa de retiros en Musoma, junto al lago Victoria, al norte de Tanzania. Un lugar hermoso, y muy apto para rezar. Les predicó el P. Pablo Scaloni, quien vino desde Italia para esto, y luego del Ejercicio de las hermanas, nos predicó también a los sacerdotes. La verdad que los acontecimientos se han acelerado mucho, si pensamos que a los pocos días se fueron cerrando todos los vuelos y las fronteras, sobre todo con Italia. Damos gracias a Dios que el P. Pablo haya podido venir, y predicarnos unos excelentes Ejercicios Espirituales. La Providencia nos ha cuidado tanto en esto… al punto de que sea nuestra preparación para lo que pueda venir. Finalmente los sacerdotes, dos, hicimos nuestros Ejercicios Espirituales, una vez que habían terminado las hermanas. Luego el predicador comenzó su odisea para regresar a su casa, con vuelos cancelados, con cambios de rutas… pero al fin, pudo llegar sano y salvo.

Quedé admirado de cómo había cambiado todo luego de los cinco días de Ejercicios, desconectados del mundo, con la mente puesta en la oración. Parecía haber despertado en otra realidad. Noticias de cuarentenas, viajes cancelados, fronteras cerradas, y todo lo que ustedes saben. Por nuestra parte hemos tratado de estar al tanto de lo que pasa con la enfermedad en Tanzania, y ver cómo manejarnos, y ayudar en lo que esté a nuestro alcance.

Se comenzaron a dar los primeros casos en la capital del país, muy pocos en relación a lo que sucede en otros lugares del mundo. Pero esto, sumado a la experiencia vivida por países de Europa, llevó a las autoridades de Tanzania a cerrar las escuelas, pedir que se suspendan las actividades que no sean de gran necesidad, y difundir todo lo que sabemos con respecto a la higiene y esterilización. El pensamiento en general, hace algunas semanas, era que «acá no va a llegar». Ahora ya son más conscientes todos de que es un realidad, y que ya está muy cercana. Lo bueno es que la gente aquí es muy «obediente» de la autoridad, y ya se ven en todas partes, aún en las aldeas de nuestra parroquia, que en cada negocio tienen elementos para que la gente se lave las manos al entrar en el local. De todos modos no se han cortado los transportes públicos, y sabemos que eso es un gran peligro, por la manera en que viajan, tan hacinados.

La gente se está preocupando, pero por suerte, no más de lo debido. Están tomando precauciones, pero se sabe de la fragilidad de nuestro sistema de salud, tan pobre, tan limitado. Las casas no tienen comodidades, no existe el vivir «dentro de la casa», que es en general una casa de barro, muchas veces con techo de pajas. En el mejor de los casos tienen techos de chapas, pero casi nunca están divididas unas de otras por muros o medianeras. La gente usa la casa sólo para dormir, ya que no hay comodidades adentro. El día se vive afuera… al aire libre, bajo el árbol, en el campo. Lo bueno es que la mayor parte de la gente vive en sus chacras, pequeñas finquitas, y las casas distanciadas una de la otra. Las concentraciones de gente no son muy frecuentes, salvo en algunos pocos poblados.

Una ventaja, me imagino… como verán escribo movido por todo lo que se lee en estos días, es que estamos en un lugar caluroso. Espero que eso ayude. Y algo que ahora juega de nuestra parte, es la distancia que nos separa de la ciudad más cercana, una hora y media de viaje. La gente no es de viajar tanto a otras provincias, y mucho menos… la gente de nuestra misión, ni piensa en salir fuera de Tanzania. Todo esto, hace que se puede considerar un lugar tranquilo. Las actividades en la parroquia siguen en general con normalidad, pero con mil indicaciones de lavarse las manos antes de entrar a la iglesia, luego de dar las ofrendas, etc. Hemos suspendido el encuentro de jóvenes programado para antes del Domingo de Ramos, y las celebraciones multitudinarias, sobre todo la de ése Domingo, que yo siempre les contaba que era una de las más multitudinarias del año.

Por gracia de Dios, no se han suspendido las misas, y el presidente de Tanzania, John Pombe Magufuli, que es católico dijo, en un mensaje luego de la misa dominical del domingo 4º de cuaresma, que no quieren cerrar las iglesias ni las mezquitas, porque quieren que la gente vaya a rezar. Que es en las iglesias donde se encontrará la curación de esta enfermedad. Que no debemos temer ir a adorar y alabar a Dios. «Es el momento de afirmar nuestra fe», dijo con mucha fuerza, «debemos depender de Dios en estos momentos». Por eso se tienen todos los recaudos, pero a la vez se sigue con las actividades de misas, adoraciones, rosarios, vía crucis, retiros, etc.

¿Qué puede pasar en los próximos días? Nadie sabe. Y lo que se nos ocurre decir es el «a Dios rogando y con el mazo dando». Nos estamos cuidando todo lo posible, y rezamos todo lo que podemos. La gente reza mucho, y les hemos pedido que recen por los enfermos y los países donde la enfermedad está causando tantas muertes. Son muy sensibles, y cuando les hemos contado en alguna misa cómo están sufriendo en otras partes del mundo, se les nota hasta en la cara que se entristecen y se solidarizan. Como ejemplo les cuento que hemos impreso la oración del misal para pedir por los enfermos, y la rezamos en todas las misas en el centro parroquial, aplicadas a los enfermos del Corona virus. Hoy vinieron líderes y catequistas de otras aldeas a pedirnos fotocopias de la oración para también rezar en sus aldeas por los enfermos.

La vida sigue con bastante normalidad por estos lados. No hay cuarentena ni prohibiciones de salir o circular. Pero hay un poco de preocupación en todos, y es algo bueno para que se cuiden también. Hemos hechos algunos días de retiro de cuaresma en algunos centros, como es nuestra tradición cada año, y la gente ha aprovechado mucho. Se han confesado, han comulgado muchos, hemos hecho adoración, rosarios, rosario de la misericordia, vía crucis, charlas, etc. Esta circunstancia nos ha puesto a todos ante Dios, y ante nuestra propia debilidad, produciendo hermosos frutos de conversión, y deseos de usar bien el tiempo que Dios nos da. Creo que esta gente, justamente al ver la fragilidad de los medios humanos de que disponemos, saben confiarse mucho más en Dios y la oración.

Rezamos unos por otros. ¡Cuídense! Y que Dios y la Virgen nos guarden a todos en sus manos.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE