Como todos los años  en esta gran fiesta de la divina misericordia, aquí en Paraguay, se vive un clima muy especial en torno a esta devoción. Es muy común que se hagan novenarios en las casas, en las capillas, a los santos “taquilleros”, y al más santo entre todos ellos, de quien procede toda santidad, el tres veces Santo, Nuestro señor.  La devoción llega a todos los ámbitos del país, ya sea el diario, y todos los medios de comunicación convencionales, que dan lugar a propaganda de esta santa devoción. La gente paga a los diarios para que sea publicada una imagen en agradecimiento  por los favores hechos.

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También se adornan las escuelas nacionales, y se reza la coronilla en todo tiempo y lugar. La imagen del Jesús misericordioso abunda en el alto Paraná. Es justamente lo que quiere Jesús en esta devoción, que los pecadores lo veamos en su imagen, como triunfante de la muerte que trajo el pecado.

En nuestra parroquia tenemos  el apostolado de la Divina Misericordia. Eventualmente se juntan en las capillas, teniendo Adoración al santísimo, algún punto de formación sobre el Diario de santa Faustina; el apostolado semanal de obras de misericordia corporal o espiritual.

Además, tenemos las continuas misiones populares, al estilo nuestro, según el directorio de Misión, de 5 días, visitando  las casas,  enseñando a rezar la coronilla, y con prédicas sobre esta devoción. Asimismo, se atienden confesiones, se celebra la Misa, se realizan procesiones  con niños y adultos, etc.

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Este año la fiesta coincidió con la canonización de san Juan pablo II, patrono del apostolado, ya que fue quien la instituyó en toda la Iglesia. Fue una gran fiesta, en la que no faltó nadie, todos con sus chalecos distintivos, propios de estas zonas.

La gran fiesta comenzó con la coronilla a las tres de la tarde y confesiones; confesamos sin parar, hasta comenzar la santa Misa  de las siete de la tarde.

Hay una gran fiesta en el  cielo, no por uno, sino muchos pecadores que nos arrepentimos; y un gran consuelo  de ganar para nuestras almas el alivio del perdón. Vengan todos a Mi los que están afligidos y agobiados que yo los aliviaré. Luego de  la misa tuvimos los festejos correspondientes.

Una vez más pudimos como sacerdotes, cantar las misericordias de Dios, como lo hacemos en cada santa Misa, en la que se puede palpar más aun la conjunción mística entre los dos polos, el divino y el humano, al punto que se estremecen nuestras almas y se mueven a cantar las grandezas del Señor.

P. Javier Oliva, IVE 

Misionero del Instituto del Verbo Encarnado en Paraguay

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