Ellos han venido de Siria, Francia, Argentina, Bélgica e India a Mesopotamia. Algunos de ellos están en Irak desde más de 40 años, para dar testimonio del amor de Cristo en esta tierra de mártires. Aman Bagdad y su gente y decidieron quedarse a ayudar a este país a pesar de los enormes desafíos, dificultades y falta de seguridad.

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Trabajando en Bagdad silenciosamente y con gran humildad, estos misioneros se preocupan solo de anunciar la palabra de Dios a aquellos que tienen hambre de ella. No dudaron el pasado 13 de diciembre de compartir con los jóvenes de todas las iglesias católicas de Bagdad los frutos de sus experiencias, en una reunión en la Catedral Latina San José y Santa Teresa del Niño Jesús organizada por el Comité de la juventud de Bagdad. Cada uno de ellos respondió a la pregunta: ¿Por qué vino a Irak y por qué quiere quedarse?

El P. Fareed Peter de Siria explicó las etapas que lo prepararon para venir a Irak y servir en la Iglesia Caldea. Su principal preocupación es ayudar a elevar las vidas de los fieles y promover la solidaridad en el pueblo iraquí, particularmente en Bagdad donde la labor de los misioneros es bastante poca. Este deseo le fue inspirado ayudando a los refugiados iraquíes en Damasco en 2008, viviendo experiencias con ellos que se convirtieron en un libro. El P. Fareed terminó su exposición afirmando a los jóvenes que el mensaje básico que tenía para ellos era su ser misionero.

La hermana Martina de las pequeñas hermanas de Jesús vino de Francia a Irak en 1976 donde enfrentó dos pruebas. La primera fue el desafío de la pérdida de identidad al descubrir los valores del pueblo que vino a servir. La segunda fue dejar las propias tradiciones y costumbres con el miedo de perder su identidad y no aprender algo nuevo. Ella contó que muchas veces le preguntan: ¿Por qué se quedó en Irak? Su respuesta muchas veces era que lo hizo solo para vivir en el amor y la solidaridad con el pueblo iraquí al que ha dado gran parte de su vida.

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El P. Luis de Argentina llegó a Bagdad un mes después de la masacre de la iglesia Nuestra Señora de la Salvación en 2010. Citó las palabras del Papa Francisco: “la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros” y que todos somos llamados a ser misioneros en nuestros propios ambientes. De acuerdo a esto, afirmó que hay muchos jóvenes que no son felices porque no dan su vida por los demás. Una vez que experimenten la alegría de dar y de darse, serán capaces de vivir una vida plena. Enfatizó que, aunque hay gente que piensa que su permanencia en Irak es locura, él se queda porque Medio Oriente es la tierra en la que Jesucristo quiso habitar, es la tierra de los primeros cristianos mártires, y es una tierra que continúa dando mártires a la Iglesia. Y que además tiene que haber misioneros donde más se los necesita.

El P. Van Fussell (Mansour) es un religioso redentorista de Bélgica, que ha estado sirviendo en Irak por más de 40 años. Vive junto con los padres Kop y Francis en un barrio muy pobre de la ciudad donde por mucho tiempo han estado sin agua ni electricidad. Ayudan a los jóvenes educándolos en su fe.

Finalmente le tocó el turno a la hermana Zoe de la India, de la hermanas de la Madre Teresa que tienen un hogar para discapacitados donde se encuentran otras hermanas de Etiopía, Kenia e India. Comenzó con las palabras de Jesús: Lo que hacéis a uno de mis hermanos me lo hacéis a mí. La misión de estas hermanas en Bagdad comenzó en 1991 para servir a los pobres de los pobres, los abandonados incluso por sus familias. En su convento tienen 22 niños discapacitados que atienden con gran devoción y amor.

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A esta reunión de la juventud católica vinieron más de 250 jóvenes de todas partes de Bagdad. Después de escuchar las experiencias de estos cinco misioneros, se dividieron en grupos de discusión para expresar sus impresiones e ideas.

Algunos afirmaron que la presencia de estos misioneros presenta para ellos un desafío. En este tiempo en que muchos jóvenes cristianos planean dejar su país y sus iglesias buscando seguridad y una vida mejor desde el punto de vista financiero y social, los misioneros extranjeros vienen a servirlos sin importarles el peligro que ello implica. Otros jóvenes expresaron que a pesar de que sinceramente aprecian el trabajo que estos misioneros hacen, tienen miedo de que sea demasiado difícil para ellos seguir sus ejemplos por las dificultades en las que viven. Otros enfatizaron que están aprendiendo mucho del espíritu de servicio y sacrificio de estos padres y hermanas, y los consideran una fuente de inspiración y apoyo a los fieles. También interesante, algunos jóvenes afirmaron que los misioneros vinieron para aprender sobre Medio Oriente, tierra de santos y mártires, para aprender de la iglesia de estos países que han sido siempre fuertes ante las persecuciones y dificultades.

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La reunión de jóvenes contó también con la participación del Arzobispo Jean Sleiman, obispo latino de Irak, y el Nuncio Apostólico Giorgio Lingua, acompañado por un grupo de italianos que vinieron a visitar Irak en esos días, y que son los principales benefactores y fundadores del Centro Deportivo Juan Pablo II.

La reunión terminó con cantos de alabanza a Dios y la oración del Padrenuestro, con una sincera esperanza de mejores y pacíficos días para Irak y el mundo entero.

Anan

Fuente: AMIGOS DE IRAK

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