Un regalo de Bodas… Esto es lo que ha sido poder casar a mi hijo Francisco: ¡un gran regalo de Bodas! ¡Gracias Señor !!

Me ha permitido vivir claramente la diferencia de nuestra paternidad terrenal, con aquella Su Paterna solicitud para el mayor bien de Sus hijos, a través de los Sacramentos.

Poder entrar en la intimidad de estos dos seres, que para unirse y vivir conformes a Él, se acogen a Su Perdón Misericordioso que sana y cura todas nuestras debilidades y nos devuelve en paz a los brazos de nuestro Eterno Abbá. ¡Es algo imposible para un papá de esta tierra!.

Ser testigo de su “Si” ante Dios y en Su Nombre recibirlos y bendecirlos, ha sido participar en Su Paternidad en un orden superior a las nuestras, como la primera, perfecta y origen de todas.

Y cuando llegó el momento del lavado de ‘mano’, me di cuenta que no había nadie que me pudiera ayudar. ¿Quién estaba más cerca? El novio, mi hijo, lo llamé y ofició de monaguillo. Y también lo llamé después, lo nombre Ministro, le di la comunión y bajamos juntos a otro “compartir”, con su esposa primero y con los demás después, una unión que nos trasciende como padre e hijo y nos hace hermanos en Su Pan de Vida Eterna y Cáliz de Eterna Salvación, eterna unión salvífica. ¡Gracias Señor !!

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Un regalo extra fue el lugar donde se realizó, la Capilla de un Hotel en Punta Cana, República Dominicana. Viniendo de la misión en Groenlandia, fue como llegar al Paraíso Terrenal.

Salí de Copenhaguen a las 7.00 con –2 grados, llegué a Viena a las 9.30 con 8 grados y aterrizaba en Punta Cana a las 18.30 con 25 grados, en medio de palmeras y verde, en un pequeño aeropuerto construido con troncos y hojas de palmera trenzadas, sin grandes edificios ni mangas, bajar del avión a pie entre morenitos sonrientes, al salón de llegada entre los gritos para organizar las colas para el pago y sello. ¡Qué cambio !! ¡Sentí que volvía a casa !!

Del Norte Ártico al Caribe Tropical. De una realidad fría, puntual, silenciosa, indiferente y organizada, casi mimetizada con las rocas y el hielo, a nuestro sub-desarrollo caliente, impuntual, bullanguero, acogedor e improvisado, exuberante como las plantas, el mar, la lluvia y el sol.

¡Gracias Señor por renovarnos cada día y mostrarnos que realmente ‘haces nuevas todas las cosas‘, desde los pastos, las flores y nuestras pequeñas circunstancias, hasta las almas de Tus hijos.

 Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas». Y agregó: «Escribe que estas palabras son verdaderas y dignas de crédito. ¡Ya está! Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tiene sed, yo le daré de beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida.  El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo (APOCALIPSIS 21, 5-7). 

¡Que Así Sea !! ¡Gracias Señor !!

P. Enrique Agustín Bollini, IVE

1 Comentario

  1. Padre Agustín no puede emocionarme mas esta crónica!!!Felictaciones al nuevo matrimonio y realmente es un regalo del cielo poder tener la gracia de casar a su hijo!! Llore, llore y llore, de emoción!!! Que alegría esta noticia!!!

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