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Capilla «San Ignacio de Loyola»

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Capilla «San Ignacio de Loyola»
Por: P. Diego Cano, IVE

 

Kangeme, Kahama, Tanzania, 5 de julio de 2020.

Al día siguiente, luego del gran día en Salawe, era el turno de Namba 11 (Número 11, como lote 11), que tiene por patrono a “San Ignacio de Loyola”. Esta es otra aldea que queda en los extremos, y alguna vez les he contado de ella, en otras crónicas. Podemos decir que cuando empezamos la misión en Ushetu, no teníamos ni idea de que existía. Luego de varios años nos avisaron que había una pequeña comunidad que allí se reunía. Comenzamos a ir, y en verdad que nos daba mucha pena ver esos pocos cristianos, con casi nada de formación, tan apartados, y en un lugar tan pobre. La iglesia, como eran todas las de aquella zona: paredes de barro y techo de paja, piso de tierra, bancos hechos con adobes.

Como les contaba la semana pasada, gracias a que un joven catequista que comenzó a vivir allí, Paul Jidai, la comunidad fue tomando fuerza. No eran muchos, pero al menos se juntaban a rezar. Recuerdo un par de veces que pude ir a celebrar misa allí en los primeros años, y nunca llegaban a ser más de diez adultos. Muchos de ellos, paganos que se acercaban a rezar. Los niños, totalmente ignorantes de la fe, sin saber hacerse la señal de la cruz, sin poder responder al más mínimo saludo cristiano. Pero allí estaban. Siempre era muy hermoso poder estar con ellos, quedarse a comer a la sombra de la pared de la iglesia, y gozar de la generosidad de esta gente.

Por el año 2018, la pequeña y arruinada iglesia cada vez venía a menos, y daba mayor lástima. Un día que fui a visitar con las hermanas Servidoras que estaban de visita en la Misión, las Madre Belén y Madre Porta Lucis, hasta me dieron ganas de llorar, al ver que el frente de la iglesia se había caído en las últimas lluvias. Si nos los ayudamos, ellos no podrán construir una nueva iglesia, pensaba. Así que a rezar, y a pedir a Dios que nos muestre el camino. La oración a San José, infalible como siempre. Conseguimos un donante, quien poco a poco, o mucho a mucho, nos fue ayudando y nos sigue ayudando. Ya estamos en los últimos trabajos de la nueva iglesia, grande, firme, fresca… Al principio pensaba que sería demasiado grande. Siempre había encontrado sólo un puñado de fieles. Pero el catequista me decía que serían muchos los que van a comenzar a rezar, y confiados en su prudencia por vivir en el lugar, y podríamos decir como San Pedro: “Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.” (Lc 5,5), decidimos hacer una iglesia grande.

Llegó entonces esa mañana, y lo que vi al llegar a Namba 11 parecía un sueño. Ya lo verán ustedes en las fotos y vídeos que adjunto. Cuando estoy cerca del lugar, comienzo a saludar con la bocina, y los niños que salen cantando a recibirnos, con mucha alegría, las niñas, los niños, los que se bautizaban, el coro, ¡una gran comunidad! La iglesia estaba llena de gente, el coro como el día anterior, constituido en su mayoría por jóvenes. Muchos de ellos son catecúmenos. Tanta gente, que debimos poner a los niños en lo que sería la sacristía, y participar la misa desde allí. En la celebración se bautizaron diez catecúmenos. Luego de la misa tuvimos la comida todos juntos, y cantos, con muchos números de las niñas, y del coro. Todos ellos agradecían a los donantes, por quienes rezan siempre.

Como para que perciban lo que está sucediendo en esa aldea, ha sucedido que personas que vivían en poligamia, con dos o tres esposas, ya están disponiendo las cosas para poder vivir bien, y casarse por iglesia. Algunos se están preparando para el casamiento, y comenzar a recibir la Eucaristía nuevamente. Es un milagro de la gracia, de tantas oraciones de ustedes, para que la misión siga adelante, y sigamos llevando almas a Cristo.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.