Voy a continuar saldando deudas, y ahora es el turno de los campamentos de varones (monaguillos) y de niñas (Watoto wa Yesu – Infancia Misionera). El 2019 hicimos los campamentos a fin de año como ya es tradición, y juntamos los niños y niñas de las dos parroquias que tenemos, Ushetu y Kangeme. Esta última tenía apenas unos meses de su creación, así que nos faltan muchos medios como para poder realizarlos en la misma parroquia, y pienso que eso será así por un buen tiempo más, hasta que podamos levantar algún salón de usos múltiples, para que puedan dormir allí.

En comparación con los campamentos de año anterior, no hubieron tantos chicos, pero esto se debió a dos factores especialmente. Uno, el que ya no teníamos la parroquia de Nyamilangano, y ahora se contaba con la parroquia de Ushetu, nada más, la cual había sido dividida en dos parroquias: Ushetu y Kangeme. El segundo, es que este año las lluvias se adelantaron, y llovió muchísimo, lo que impidió el traslado de niños y niñas desde dos centros que debían cruzar un río para poder llegar.

Campamento TanzaniaDel centro de Nyasa, por ejemplo, un catequista trajo nueve niños, a quienes debió cruzar el río uno por uno, cargándolos sobre los hombros y con el agua que le llegaba al pecho… y caminar en total casi 20 km, porque no pudieron traer las bicicletas. Del otro centro, Mazirayo, vinieron muchos, con gran sacrificio, porque debieron caminar hasta el río, y cruzar en botes, para seguir viaje con el camión que los esperaba del otro lado. Una cosa que nos ayudó mucho fue que gracias a las donaciones de ustedes, y de tantos benefactores, pudimos alquilar ese camión que trajo a los de más lejos, algunos desde 20 km, 30 km, y hasta 35 km. de distancia.

De esta manera los varones fueron aproximadamente 90, y estuvieron con nosotros antes de la Navidad. Las niñas fueron cerca de 200, y vinieron entre Navidad y año nuevo. En ambos casos fue casi la mitad que el año pasado, sin embargo, teniendo en cuenta lo que les decía, que ya no contábamos con una parroquia, y que hubo tanta dificultad a causa de las lluvias, fue un gran número. Además que el año 2019 ha sido un año récord de campamentos, como lo escribí en alguna crónica, porque hubieron 18 campamentos de catecismo en junio y septiembre, y si sumamos estos dos de fin de año, más los encuentros de jóvenes y catequistas, llegamos a un total de 22 campamentos en total en un año. Ha sido un gran esfuerzo por parte de todos, con inmensos frutos, y grandes bendiciones de Dios.

Otra cosa para destacar este año fue el esfuerzo para que los campamentos tengan un mayor espíritu de campamento… quiero decir, que se parecían más a los campamentos a los que estamos acostumbrados, donde había más tiempo de recreación, mucho tiempo donde los chicos jugaban muy tranquilamente, en grupos, y logrando gran sintonía con los padres, novicios, y hermanas. Se pudo dar un buen tiempo a la oración y a las confesiones de todos los chicos. Y en ambos campamentos se realizaron caminatas a una montaña que está cerca de la misión. La montaña del Monte Irondo, donde queremos algún día hacer una ermita de la Virgen, como también ya les conté el año pasado. Esas caminatas fueron muy alegres, con cantos, oraciones, charlitas. Los chicos aquí están muy acostumbrados a caminar y estar en contacto con la naturaleza, es algo cotidiano, sin embargo era algo totalmente nuevo hacerlo con ése espíritu de oración y alegría.

Campamento Tanzania

Campamento Tanzania

 

 

 

 

 

 

 

 

Otra causa de que el campamento se aprovechó más este año es que agregamos un día más, y así en verdad se logra conocerlos, que se hagan amigos entre ellos, que conozcan y capten un poco el “ritmo” campamentero. Por ejemplo, ya era costumbre escucharlos hacer ejercicios, trotando y cantando antes de que saliera el sol, para despertarse bien y entrar en la iglesia para el rosario y adoración antes de la misa. Realmente se pudo lograr lo que se nos ha enseñado, que “el campamento es escuela de vida”. Y así aprenden a tener un orden en las actividades, oraciones, trabajos, juegos, descanso… Era muy bueno ver que los chicos y chicas que han participado de algún campamento anterior eran los que inmediatamente captaban las ordenes, y al menor toque de silbato ya sabían lo que debían hacer.

Les vuelvo a agradecer a todos por sus oraciones, y a los que nos ayudaron económicamente… también mil gracias. Dios les pague su generosidad, y sería mi deseo que les pague pudiendo ver la alegría que tenían estos chicos. Los misioneros siempre tenemos esa hermosa gracia, de recibir una paga tan generosa de parte de Dios al ver tantos niños felices y agradecidos.

¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano, IVE