Entre el 19 y 23 de septiembre, hemos podido realizar una vez más el Campamento del Estudiante, un apostolado que lleva varias ediciones y que siempre se ha mostrado de mucho provecho para los participantes. Además, desde el año pasado, se han unido a este campamento las Jornadas de la Juventud, que le dan un tinte más formativo. Este año el lema que nos inspiraba era “No apaguéis el Espíritu” (1 Tes. 5, 19).

El martes 19 comenzaron a llegar los estudiantes al Regimiento 15º de Caballería de Campo de los Andes. De Buenos Aires, La Plata, San Luis, Tucumán, Córdoba, Mendoza, Santa Fe, etc., y hasta de Paraguay, vinieron los participantes que, entre voluntarios, estudiantes y algunas familias llegaron a ser 530 y que, junto a los aproximadamente 150 religiosos, constituían una multitud imponente. Todos se acomodaron en grandes pabellones, con su bolsa de dormir en el suelo, no muy cómodo pero sí divertido para ellos. En seguida iban a la Plaza de Armas del regimiento para jugar al vóley, al fútbol, o para guitarrear conocer gente y reencontrarse con viejos amigos.

La fila para las confesiones, la primera tarde.

Ese primer día tuvimos la misa por la tarde; era impresionante ver la fila de penitentes para confesarse. Gracias a Dios, muchos sacerdotes pudieron asistir a los jóvenes y confesarlos o escuchar las numerosas consultas durante los cinco días del Campamento.

El miércoles y jueves los jóvenes tuvieron la Misa por la mañana, y luego del desayuno, una charla formativa. El miércoles, el P. Fuentes dio la conferencia, tomando como base “Las Aventuras de Pinocho” de Carlo Collodi. El jueves, José Randle les habló sobre la maduración de la personalidad. Ambos fueron escuchados con mucha atención por los chicos. Por la tarde de esos días se hicieron las competencias deportivas.
El viernes fue el día de excursión a la montaña. Se hicieron salidas de distinta intensidad, para varones y mujeres, mayores y menores. Bajo un sol espectacular, pudieron escalar distintos cerros cercanos a la Cordillera, y contemplar los cerros nevados y la llanura que empieza a sus pies; hermosa vista, que se conquista con un esfuerzo al que los jóvenes no están tan acostumbrados. De allí la importancia de esta actividad. Además, muchos pudieron sentir la experiencia de tener una Santa Misa en la cumbre de un cerro.

Finalmente, el sábado, después de armar los bolsos, tuvimos la Santa Misa de finalización, presidida por el P. Fernando Vicchi; luego el almuerzo (choripanes!) y la entrega de premios. A pesar de que no se cansaban de gritar ¡¡Noooo nos vamos nada…!!, tuvieron que marcharse paulatinamente, en los distintos vehículos.

Durante el fogón

¿Se nos escapan detalles? Muchos. Hubo muchas cosas hermosas: la procesión de Corpus Christi alrededor de la Plaza de Armas, la procesión con antorchas, la imposición de escapularios; los fogones, los divagues que el grupo San Felipe Neri preparó con tanto esmero (especialmente el film “Una clase inolvidable”), las canciones de las hermanas del Estudiantado de Italia, la noche de bailes folclóricos, la comida, muy bien preparada por el equipo de cocina, etc. etc. etc.

El grupo de los voluntarios: los que ya no son estudiantes secundarios van a dar una mano. Una ayuda bárbara…

Gracias a Dios, se han podido acumular experiencias a lo largo de los años en que se viene haciendo este campamento, lo cual hace que todo se haga con mayor facilidad y eficiencia. Además, hay también varios jóvenes que han hecho varios campamentos y que colaboran también en la marcha de las actividades.

Santa Misa de clausura

Podemos decir que se trata de un gran apostolado: grande es el número de participantes, grande el número de religiosos que trabajan para llevarlo a cabo (de una u otra forma, podemos decir que están implicados en este apostolado prácticamente todas las casas de la Provincia Religiosa), grande el movimiento que genera, grande el gasto económico, grande el desgaste que implica, grande el tiempo que lleva prepararlo, grandes los riesgos que se corren al responsabilizarnos de tanta gente, y grande sobre todo el bien que se realiza en las almas, que es lo que le da sentido: son muchos los que se confiesan, los que se acercan a la comunión, los que reciben formación cristiana, buenos sermones, etc. Y eso es lo que podemos ver, pero sabemos que mayor aun será la obra que Dios haga en esos corazones.

Uno de los oficiales del Regimiento, que estaba particularmente entusiasmado con la actividad, agradeció públicamente a los jóvenes por haber llevado a ese lugar el sentido de la trascendencia. Ciertamente, es esta la gran diferencia entre esta congregación multitudinaria de jóvenes y otras similares que se juntan en estos mismos días para darse desenfrenadamente a los vicios. Era el sentido de trascendencia lo que se percibía al ver la fila para las confesiones, el entusiasmo en los deportes o cuando cantaban –con más fuerza que en un festival de rock- esa frase: “La juventud no está hecha para el placer, sino para el heroísmo… al mundo mostraremos que en Dios está la felicidad”.

Todos los participantes, antes del regreso

Esperamos que esta actividad contribuya a encender el fuego del Espíritu en estos jóvenes. Agradecemos a Dios que nos ha permitido realizar el Campamento, sin mayores inconvenientes.

Sem. Santiago Sylvester

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