Institute of the Incarnate Word, Campamento de Jovenes 2015

Amaneció el domingo 20 de septiembre y salimos con un grupo de casi 60 jóvenes a escalar el Cajón de los Arenales. Era ya el tercer día del Campamento, en el cual estaban participando unos 400 jóvenes de  13 a 17 años, sin contar los 50 voluntarios.

Un año más, el RIM 11 de Tupungato, se llenó de vida, por los coloridos pañuelos que distinguían a los cuatro equipos que competían por un premio. Pelotas que iban y venían, guitarreada y cantos que se dejaban escuchar entre las risas y las hinchadas.

Un año más, de alegre entusiasmo que inundó la semana del estudiante con un espíritu del todo particular y contagioso.

Y salimos todos a la montaña…

Institute of the Incarnate Word, Campamento de Jovenes 2015Después de la oración, empezamos la marcha. Encabezaba la fila el sacerdote que nos iba guiando y yo iba al final para que ninguna de las chicas se quede atrás o se pierda.  Se hizo sentir la primera subida, sobre todo porque muchas de ellas no se la esperaban.

Entre las distintas conversaciones y comentarios, se escuchaban tres jóvenes que iban lamentándose, y esto las hacía ir un poco más lento, hasta que finalmente me quedé con ellas al final de la larga hilera que iba subiendo.

Les pregunté sus nombres y se inició una interesante conversación con una de ellas…

  • Hermana, estoy muy enojada -me dijo-¡No doy más! Yo nunca hago esto porque no me gusta hacerlo. ¡No me gusta escalar! Estoy cansada… ¡No quiero seguir!
  • Pero, si te vas quejando, se hace más difícil… ya vas a ver que cuando llegues a la cumbre te va a gustar…
  • ¡No puedo más!

A cada paso iba diciendo que “salir con sus amigos” era mejor que venir al campamento, que eso era para ella “pasarla bien”. Y yo intentaba en vano hacerla razonar… Nuestra conversación, si así la podemos llamar, terminó de este modo:

  • Hermana, ¡no vengo nunca más! Porque odio escalar! Y estoy muy enojada, porque el año pasado dije lo mismo… dije que no iba a venir más y acá estoy de nuevo en la montaña… lo peor y lo que más me enoja es que seguro que el año que viene voy a volver!

Después de eso nos separamos.

“Dije que no iba a venir más…” ¡Qué débil fue la decisión de aquella joven!, tanto que fácilmente la pudo disuadir. Tal vez es que el joven habla sin pensar y promete sabiendo que no va a cumplir…

Institute of the Incarnate Word, Campamento de Jovenes 2015Aunque en realidad, creo que la razón de este enojo era otra… Es que el espíritu del joven es noble y sus deseos son tan altos y grandes que por conseguirlos es capaz de dejarlo todo, incluso sus más firmes decisiones, es capaz de dejar lo pequeño cuando encuentra algo más grande, y no le importa sobreponerse a él mismo cuando le muestran ideales más altos. Porque busca ansiosamente lo bueno y lo verdadero, y cuando lo ve cerca, no puede, porque es joven, no lanzarse a conquistarlo   …porque su nobleza es más fuerte. Por eso…  “seguro que el año que viene voy a volver”.

Seguro que vamos a volver el año que viene a jugar al roba-queso el primer día, a correr los cien metros y la carrera con obstáculos, a gastarnos en un partido de futbol, vóley o handball; a comer las pizzetas y salir corriendo para tener un buen lugar en el teatro, a reírnos con la Viborita, alentar a nuestro equipo… vamos a volver a encontrarnos entre nosotros, a encontrarnos con Cristo Sacramentado en esa pequeña Capilla. Vamos a volver a escalar una montaña y a hacer todas estas cosas aunque nos haya costado hacerlas… y todo esto simplemente porque el recuerdo de estas cosas es grande.

Finalmente y gracias a Dios, llegamos todas a la cumbre, y tuvimos que bajar rápido porque amenazaba tormenta.

Institute of the Incarnate Word, Campamento de Jovenes 2015Cuando estábamos al final del recorrido, donde ya se disfruta de todo lo que se hizo… casi llegando a donde nos iban a buscar las camionetas para volver al campamento, me encontré con el rostro alegre de esa joven que unas horas antes se quejaba de la montaña. Ahora, caminaba con una sonrisa y muy satisfecha. Entonces le pregunté:

  • ¿Y? ¿Qué tal?
  • Muy lindo hermana… la montaña me hace pensar en mi vida. Ahora, estoy muy contenta… ¡vale la pena el esfuerzo!

Sí, ciertamente vale la pena el esfuerzo. El campamento del Estudiante es fruto del gran esfuerzo de muchos, sobre todo, de muchos religiosos, que trabajan con gusto por las almas de tantos jóvenes. Vale la pena esforzarse para que los jóvenes vean más cerca lo que están buscando, para que ellos mismos se den cuenta que su alma es noble, tan noble que no puede resistirse a lo grande.

Terminó el campamento, y esta joven vino a despedirse… Muchas gracias…nos vemos el año que viene!!

Así que si esta joven va a volver el año que viene, y seguramente muchos otros jóvenes también, quiere decir que han encontrado en el campamento lo que están ansiosamente buscando. Quiere decir que vale la pena el esfuerzo, y esto nos basta para que volvamos a hacerlo el año que viene…

Agradecemos a Dios tantos beneficios recibidos y tantos frutos, porque somos conscientes de que  “Si El Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (Sal 127).

En Cristo y María,

Hna. María Cordis Sancti

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