¡Aishi Maria!, ¡Aishi milele! (¡Viva la Virgen! ¡Que viva siempre!)

Escribo esta breve crónica para compartir con ustedes la gran alegría y el entusiasmo de poder ver crecer la fe en Cristo y el amor por la Santísima Virgen y los santos en nuestra querida tierra de Ushetu.

Por segunda vez tuvimos aquí en Ushetu a cargo de nosotras, las Servidoras, el campamento de chicas que están cursando catecismo. Así que desde el lunes 27 de junio hasta el sábado 2 de julio pudimos realizar esta actividad. Estuvieron presentes 124 chicas de nuestro centro (que se forma de 8 aldeas); mas o menos el doble de las chicas que estuvieron el año anterior. Otras cuatro chicas más grandes vinieron para ayudarnos con la organización y dirección de los diversos grupos (una de ella es hermanita de la Hna. Upendo, oriunda de aquí y está en el estudiantado de Italia). A full en la cocina durante toda la semana estaba una laica, Happiness que es secretaria parroquial y maestra en nuestro jardín de infantes. Ella a su vez era ayudada por diversos grupos de mamas de diversas aldeas que se rotaban para ayudar en la cocina. Como misioneros, estuvimos presentes las cuatro hermanas, los dos Padres (P. Víctor Guaman y P. Jaime Martinez, misionero en Egipto que vino para ayudar al P. Víctor por un tiempo), el catequista y dos misioneros laicos tanzaneses.

Todo lo anterior son más bien datos estadísticos para ponerlos en nuestro contexto; pero lo que estos días hemos vivido fue propiamente el Espíritu de Cristo según lo que dice nuestras constituciones tomando de Romanos 14,17 “El Reino de Dios… es justicia, alegría y paz en el Espíritu Santo”. Todos estábamos maravillados de la alegría y del espíritu festivo y de familia del campamento.

El primer día, mientras llegaban las chicas, me acerqué a algunas para saludarlas y dos de ellas salieron corriendo del grupo con caras de temor. Les pregunté a las demás ¿porqué tienen miedo? Ellas tampoco respondieron, así que me extrañó mucho la situación porque normalmente tienen miedo de las hermanas ‘wazungu’ (blancas), y yo soy de color como ellas, porque provengo de Camerún. Pregunté entonces de qué aldea eran y me dijeron: “Kanyenye” (recuérdense de este nombre). ¿Nunca han visto a las hermanas?, les dije. Tal cual, algunas nunca habían visto a las hermanas. Les dije que no se preocupen, que termináramos muy buenas amigas. Rafiki! (Amigas!)

Dividimos las chicas en tres equipos (y en cada equipo las dividimos también entre grandes y chiquitas para los juegos). Las santas patronas eran St. Bernardeta  (por ser nuestra parroquia Nuestra Señora de Lourdes), santa Teresita del niño Jesús y la Beata Anwarite (que es una religiosa del Congo Zaire que murió mártir por defender su castidad y fue beatificada por St. Juan Pablo II en 1986.).

Intentamos el grito ‘Viva la Virgen’ por primera vez en swahili: ¡Aishi Maria! Con su respuesta ¡Aishi milele! Y fue espectacular, ninguna de nosotras podía haberse imaginado un tal ánimo en estas chicas. Por la tarde, los padres ‘intentaron’ hacer la adoración Eucarística en su comunidad; y después me preguntó el P. Jaime cuantas chicas estaban presentes, porque parecía una tropa.  Así más o menos fue todo el campamento – gritos, cantos, bailes, y lo más importante de todo la oración y las clases de catecismo.

Todos los días empezamos con el santo rosario a las 6:30 de la mañana, seguido de la bendición Eucarística, después de la cual teníamos la Santa Misa. Al mediodía, después de las actividades de la mañana, teníamos el rezo del Ángelus, así como por la tarde antes de la cena. Después de la película de sus santas patronas que seguía a la cena, tenían un momento de silencio, buenas noches, y examen de consciencia guiado antes de acostarse. Esto se mostro muy fructuoso como lo sabemos, porque cada mañana estas chicas se levantaban con toda la energía y fuerza de ánimo de querer vencer todo por Cristo y la Santísima Virgen y ¡con gran celo de ser santas como sus patronas!

El P. Jaime predicó los sermones cada día. A su vez las charlas de catecismo fueron divididas entre todos – los Padres (con traducción), las hermanas, y los misioneros laicos.

A la cumbre de toda la semana, el sábado, día del cierre del campamento, tuvimos el ‘rosario de la aurora’. Empezamos a las 6:15 de la madrugada, teníamos preparada el anda con la Virgen de Luján; las chicas tenían velas en las manos – en filas según sus grupos. Los monaguillos estuvieron presentes, y los fieles se agregaban a las filas. Dimos una vuelta por frente de la parroquia, yendo por la calle principal, rezando el Santo Rosario con un canto a la Virgen después de cada misterio. Era un momento muy muy fuerte – una tropa erábamos de verdad. Las mimas dala-dalas (mini bus) que suelen ser son muy agresivas cuando nos encuentran por la calle, se pararon todas con gran respeto y un poco de asombro.

Al fin de la Misa de cierre tuvimos una investidura de las medallas milagrosas y dimos a todas una imagen de la SS. Virgen. Sobre el mediodía, tuvimos premiaciones; premios personales (era muy difícil elegir), y premios para los que ganaron las competencias.

Después de la bendición final del P. Víctor, todas las chicas se despidieron de cada hermana; algunas al punto de las lágrimas. Bien, las chicas de Kanyenye (¿se recuerdan?), vinieron todas a despedirse de mí, y empezaron a agarrar mis manos, pies, cruz, velo, rosario – ¡lo que sea! Y las que tuvieron miedo son las que más cerca de mí estaban con una sonrisa tan grande. ¡Ya éramos amigas! Les prometí intentar en lo posible ir a su aldea a visitarlas.

Sucede entonces que por gracia de Dios, ocho días después, el domingo de la semana siguiente me pidieron acompañar al P. Jaime y la Hna. Salam (Egipcia) a la aldea de Kanyenye para traducirle al Padre (el sermón), y también estaba con nosotros la Hna. Jesse (oriunda de Holanda y estudiante en el Estudiantado Internacional en Italia). Esta aldea reza de modo especial por la misión de Egipto y por los miembros de la Familia Religiosa. Al llegar, nos recibieron algunos niños con cantos y de a poco los mayores llegaron. Casi todos en la aldea son catecúmenos, pues nada más que cinco recibieron la comunión. Algunos niños tuvieron miedo de nosotros (¡de Hna. Jesse esta vez!); pero mis amigas del campamento con toda confianza se me acercaban y acercaban a los demás con grandes sonrisas.

Después de la Misa, me dedique por un tiempo a sacar y tirar lejos los collares de brujería paganas que había visto que llevaban algunos niños en sus cuellos y brazos. En cambio les daba medallas milagrosas; por lo menos corté unos siete collares. Era una profesión de fe para todos y un momento de gran enseñanza para los adultos presentes.

La Virgen Santísima que nos acompañó durante el campamento y que es el arma más potente contra Satanás nos sigue ayudando para el gran trabajo de evangelización en esta tierra.

Las mamás de mi grupo de madres me contaron después que ¡se escuchaban los gritos de desde sus casas!

¡Aishi Maria! ¡Aishi milele!
Firmes en la brecha!
Hna. Marie Notre Dame des Victoires, SSVM
Misionera en Ushetu, Tanzania

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