Queridos todos en el Verbo Encarnado:

Me alegro mucho de poder escribir esta pequeña crónica; hace tiempo que estoy esperando el momento oportuno para hacerlo. El fin de estas líneas es compartir con ustedes el testimonio que se da a través de nuestra consagración y así poder cantar las maravillas del Señor. Misericordias Domini in aeternum cantabo (Ps 89, 1).

En los meses de septiembre y octubre estuve fuera de la misión, pues viajé a los Estados Unidos de América para la profesión de mis votos perpetuos, que fueron el día 14 de septiembre y aproveché también para visitar a mi familia. Tanto a la ida como a la vuelta de mi viaje, pude pasar por Italia, donde también recibí muchísimas gracias y beneficios, como el poder realizar los Ejercicios Espirituales, peregrinar a las Puertas Santas del Jubileo de la Misericordia, estar presente en la canonización de la Santa Madre Teresa de Calcuta y en la Misa de la Congregación el día de nuestro Padre Espiritual, San Juan Pablo Magno.

Nuestra consagración religiosa es un testimonio ya que no somos más nosotros quienes vivimos, sino es Cristo quien vive en nosotros (cf. Gal 2, 20) y en la medida que buscamos y que nos acercamos a esta unión con Dios, mayor testimonio daremos de las realidades Divinas en este mundo, que tanto lo necesita.

Estando en mi casa, mi mamá me contó que había invitado para que vengan a mis votos, desde mi aldea de origen, en Camerún, a mi abuela, mi bisabuela, mi tía abuela y al rey de la aldea (se trata del reinado de Dschang Baleveng). Dado que los trámites para las visas eran mucho, no llegarían para el día de los votos, pero sí podrían estar presentes en la Misa de Acción de gracias que se había organizado en la Comunidad Africana Francófona de St. Camilus en Maryland, EEUU.

Llegaron todos para la Misa de Acción de gracias, y allí pude agradecer a Dios en presencia de toda mi familia africana y mi familia religiosa por el gran don de la vocación y de la consagración. También agradecí a mis superiores por admitirme a los votos y por sus presencia en cada etapa de mi formación y a todos ellos por acompañarme siempre con sus oraciones. Después de la Misa, tuvimos una hermosa recepción para todos. La comunidad se había organizado para que sea una verdadera fiesta de bodas, desde la decoración hasta la música y comida.

El rey Foo Gaston Guemegni, que era el invitado más importante, aún siendo pagano, manifestó delante de todos su alegría al ver a su ‘hija’ (de este modo son considerados los miembros de la tribu bajo su gobierno) al servicio de Dios. Él dijo, en palabras semejantes a estas que recuerdo: “estoy muy feliz de los acontecimientos de mi ‘hija’, la Hna. Victoires, que ha dado su vida al servicio de Dios; yo estoy muy feliz de que una de mis ‘hijas’ se haya consagrado a Dios y que esté haciendo la voluntad de Dios adonde Él quiere. Para mí es como si ella hubiera cazado un león”.

Ese mismo día, me regaló un cetro real, que en mi aldea es una cola de caballo. Luego él mismo me dijo: “este cetro es la victoria y también es signo de alegría y de paz… cuando vayas por el mundo llévatelo como signo de victoria”. ¡Y no me regaló cualquier cetro! Me regaló un cetro blanco. Él mismo explicó: “el blanco es exclusivamente para los reyes y notables muy particulares”. Me hizo, con sus gestos y palabras, reina porque reconoció en mí a la Esposa de Cristo, el Sumo Rey. Es cierto que este cetro es también signo de un reino temporal, tanto que al verme con mi cetro, algunas mujeres empezaron a preguntarse quién me lo había dado. Al escucharlas, les contesté que me lo había dado el mismo rey. A lo cual ellas exclamaron: “eres reina, porque el blanco es para las reinas”.

Otra anécdota que quiero contar me sucedió en el aeropuerto de Fuimicino, en Italia, cuando estaba ya por regresar a mi querida misión. Me encontré con un grupo asiático, de Indonesia, que había venido a peregrinar a las Puertas Santas del Jubileo de la Misericordia. Uno empezó a hablar conmigo en inglés, era el Párroco; con el resto hacíamos gestos para comunicarnos. Cuando estuvimos ya en los asientos, me tocó sentarme con una de las mujeres del grupo, quien me regaló un rosario de colores rojo y blanco y me dijo que eran los colores propios de su país. Me hizo pensar en la sangre de sus mártires y en la pureza de su fe. Además pensé en las dos coronas que la Virgen Santísima le había dado a elegir a San Maximiliano Kolbe, a lo cual él había respondido que elegía las dos. Recé el rosario con esta señora, cada una en su lengua y mi oración interior era ésta: “que yo no viva más, sino que sea Cristo quien viva en mi”.

De vuelta en Tanzania la gente me acogió muy amablemente; estaban felices por mi regreso. Los padres y hermanas organizaron una Misa de Acción de gracias, seguida de festejos. Tuve la gracia de que estuvieran presentes el P. Nieto, Superior General del IVE y la Madre Belén, mi Superiora Provincial. Además, era ésta la primera Misa dominical en Tanzania en la que participaba la Madre Mater Creatoris, nueva Superiora de nuestra comunidad; por todo esto, en la fiesta ¡no faltaron los bailes y cantos!

“El que sabe, pues, amar la vida nueva, sabe también cantar el cantico nuevo (…) porque cantar y entonar salmos es negocio de los que aman (…) pero es nuestra vida más que nuestra voz la que debe cantar el cantico nuevo…” (Cf. DE, 200-202)

¡Aishi Maria!
Hna. Marie Notre-Dame des Victoires, SSVM
Misionera en Ushetu, Tanzania

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