Imposición de hábito monástico en el Monasterio Nuestra Señora del Pueyo

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Siguiendo el instinto de su naturaleza, la torpe oruga empieza a construirse una especie de “sepulcro” que comúnmente llamamos capullo; donde, a la manera de un difunto se encierra, ocultándose a los ojos de las demás criaturas…

En la oscuridad de aquella pequeña “tumba” que el insecto se ha hecho, empujado por una fuerza innata, está ocurriendo algo extraordinario… el gran Artista, con la maestría que le corresponde, transforma, moldea, plasma, podríamos decir, su criatura donándole un poco de su belleza.

De hecho, cuando la Sabiduria creadora dicta su tiempo, he aquí que del pequeño capullo empieza a salir casi una nueva criatura. Si bien es la misma, su librea se ha transformado; de pequeña y torpe, la oruga ha sida revestida de cándidas vestiduras y liviana ahora puede encima ¡volar!

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Como nuestro bichito, también el monje se aparta del mundo y se encierra entre los muros del monasterio, en el capullo de su celda, donde el buen Padre sabiamente trabaja el alma de su hijo que solo a Él tiende, “habiendo abrazado la vida contemplativa  para tratar a solas con Dios en el silencio,  manifestando  así que en presencia de Dios no hay nada más que decir”[1]. Entre los paternales brazos y en la presencia de la Virgen Madre, el contemplativo vive una vida de austera pureza, áspera y dulce a la vez; con el único objetivo de conquistar la pacífica unión del alma con Dios, anticipo del gozo perfecto de la eternidad.

Recibir el hábito monástico, es, en cierto modo, como el  cambio que la oruga cumple siguiendo la naturaleza que le ha dado su Creador hacia un estado más perfecto, por medio del ocultamiento y de la “muerte” que se realiza dentro el capullo. Nuestra blanca vestidura es signo de la donación total a Dios en el estado de vida contemplativa[2], la cual apunta directamente hacia el Fin, implicando así un desapego de las creaturas más grande y total… “Cualquiera que entre vosotros no renuncia a todo lo que posee, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,33).

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Así, mientras el nuevo insecto ahora puede volar liviano de una flor a otra, el monje sigue su vida oculta, obteniendo fuerza y vida de la única “Flor” que puede sustentar totalmente su alma: Jesús Eucarístico (devoción característica de nuestros monjes)[3].

En el día en que la Pureza Encarnada quiso esconderse en el seno de la Virgen Pura y sin igual[4], solemnidad de la Anunciación del Señor, cinco de nuestros monjes de la comunidad del Pueyo han recibido el hábito monástico, en un ambiente del todo especial, en donde cada piedra parece cantar los versos del himno a nuestros patronos, los beatos mártires benedictinos del Pueyo:

Blanco está el almendro en flor,
que es blanca su Virgen Madre.
Blanco está el almendro en flor,
teñido de roja sangre ..

Lo cual nos recuerda el testimonio martirial de la vida monástica, de la cual hoy hemos sido revestidos: “blancas son las vestiduras  de los que fielmente han seguido al Cordero hasta recibir la corona que no se marchita”.

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La Misa fue presidida por el cardenal Mc Carrick que en la homilía subrayó la analogía entre el “fiat” de la Virgen con el consentimiento a la voluntad de Dios que se da en la vida religiosa.

Estuvieron presentes además de los feligreses del monasterio, los padres de la comunidad de Manresa, los familiares de algunos de los monjes y algunas Servidoras de nuestra Provincia, quienes después de la ceremonia se quedaron en los festejos correspondientes: ¡¡almuerzo y fogón!!

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Agradecemos además la visita que nos hicieron, en el día anterior, el obispo de la Seu d’Urgell, (quien había acompañado al cardenal hasta aquí) y Mons. Ángel Pérez Pueyo, nuestro obispo, que compartió con nosotros la cena.

Damos gracias a Dios por tantos beneficios; y nos confiamos a las oraciones de todos, por nuestra perseverancia y fidelidad en este estado de vida, y para que aumente el número de almas que quieran seguir la búsqueda del Único necesario, en el fecundo silencio del claustro.

Sem. Francesco Lucarelli, IVE

[1] Cfr. Directorio de vida contemplativa, 107.

[2] Cfr. Directorio de vida contemplativa, 134.

[3] Constituciones, 129

[4] Himno a la Virgen del Pueyo.

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