Todos los años en la provincia de Buenos Aires se organiza la peregrinación juvenil a Luján, en la que participan millones de argentinos que acuden a los pies de Nuestra Madre con alguna intención.

Este año cuatro hermanas Servidoras, pudimos participar de la peregrinación, desde Haedo hasta Luján, caminando en total unos 57 km. Viajamos con un contingente de 3 colectivos de la Parroquia Cristo Rey desde La Plata. La caminata comenzó a las 3 de la mañana del sábado 30 de setiembre.

Siempre comparamos la subida a la montaña o una peregrinación con el alma que está de paso por esta vida terrenal caminando hacia la Patria celestial. Todo esto se puede palpar durante la peregrinación. Y como se dice “hay de todo en la viña del Señor”: Estaban aquellos que quizás lo hacen por un mero deporte, por un desafío personal; aquellos que caminan sin saber bien por qué; aquellos que si bien no llevan una vida practicante, tienen una fe sencilla y caminan con una esperanza de llegar a la meta por alguna gracia que esperan obtener del Cielo; otros que caminan con una fe más fuerte, y en su caminar van ofreciendo sus sacrificios y oraciones a Dios.

Cualquiera sea el motivo, no deja de ser sorprendente el hecho de que sea uno el objetivo: llegar a Luján, a la casa de Nuestra Madre…y ciertamente Ella es la que llama, la que atrae, para dar sus gracias y Ella seguramente no dejará sin recompensa este esfuerzo…ella es la ventana del costado por la que entramos al Cielo.

Durante el camino, se podía ver la gente que caminaba descalza, otros iban con sus bebés en los cochecitos, grandes, niños, en sillas de ruedas, etc.

Se podía contemplar en la ruta por la que caminábamos la cantidad de gente: mirábamos hacia adelante y hacia atrás y todo el camino estaba ocupado por los peregrinos, y eso fue así durante todo el día del sábado y madrugada del domingo, uno no puede más que exclamar: ¡Argentina es Mariana!

Según los medios este año participaron cerca de tres millones de personas… ¡Argentina es Mariana!

¿Vale la pena?

En una de las localidades, un señor nos preguntó en tono irónico: ¿Vale la pena este sufrimiento?

Y la verdad es que esa pregunta nos hizo pensar, y creo aún más aferrarnos al fin de nuestra caminata, y uno no puede más que responder: ¡Claro que vale! Por qué me uno a Jesús en la Cruz y a su Madre dolorosa al pie de ella. Ocasión para implorar gracias, de ser corredentora, y de pedir por nuestra querida Familia Religiosa.

Lo fácil que es ir en comunidad

No quiero que pase desapercibido el hecho del gran “apostolado del hábito”, al ir las cuatro hermanas juntas, es un gran testimonio de Vida Consagrada y sobre todo de algo que es esencial a ella que es la vida comunitaria y la alegría. Pasando juntas los altibajos propios de la caminata y apoyándonos entre nosotras.

Quiero llegar a tus pies benditos

Una vez llegados a Luján, nos dirigimos a los pies de Nuestra Madre, para ofrecerle nuestros sacrificios y pedirle por nuestras intenciones. No dejaba de ser edificante ver a los peregrinos arrodillados, con lágrimas en los ojos, rezando a la Virgen de Luján. La basílica estaba llena… muchos participaron de las Santas Misas que se ofrecían durante todo el día. ¡Argentina es mariana!

Pidamos a La Virgen de Luján que siga protegiendo a nuestra Patria, para que se aferre a sus raíces cristianas. Y confié siempre en Aquella que nos lleva directo a Jesus.

Hermanas de la Com. Bta. Ludovica de Angelis

La Plata-Argentina

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