El martes tres de mayo vivimos en Alepo –al decir de todos los medios-  la jornada más difícil de la Guerra que cursa su quinto año en este país. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos dijo que se trató de la batalla más intensa que se haya producido en la ciudad. Hubo jornadas en que los combates se han sucedido por más de 15 o 17 horas sin interrupción.

Hoy, viernes 6 de mayo hemos realizado visitas a algunas de las familias que han sufrido las consecuencias desastrosas de estos días de fuertes combates.

Una de ellas nos contaba: “Cayó un misil en casa. Mi marido tomó en sus brazos nuestra hija de un año y ocho meses y bajó inmediatamente. Yo lo seguí y a al instante cayeron dos misiles más en el mismo lugar en que yo había estado parada segundos antes. Perdimos todo, no tenemos dónde ir. Yo estoy embarazada. Estamos viviendo tres familias en un cuarto pequeño, es imposible vivir así”. La señora que así hablaba es una joven de  29 años, enferma de cáncer. Le hicieron ya tres operaciones. Desde que sucedió aquello el martes todavía no pudo bañarse, nos mostraba aun el polvo de las explosiones adherido a su ropa.

Siria-Alepo-Servidoras-noticas

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Otra familia: “abandonamos la casa; no era nuestra, nos la había prestado una familia que viajó al exterior. La casa está en una zona donde continuamente caen misiles. Peligra la vida de nuestra única hija de diez años. Desde la semana pasada estamos viviendo en este salón donde yo trabajo como peluquera. Nuestra hija es sordomuda necesita tratamiento pero por ahora es imposible”.

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Otra: Esta es nuestra casa –era una casa pequeña y sumamente pobre, al tiempo que prolija y muy limpia- , vivimos en este último piso, el más peligroso. Somos la única familia cristiana en este barrio. Queremos ir a un lugar más seguro pero no tenemos ningún medio. Mi hijo está enfermo de epilepsia. Mi esposo está operado del corazón y no tiene trabajo. No podemos salir afuera ni asomarnos al balcón porque en esta calle hay francotiradores”.

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La última: “soy viuda, tengo tres hijas. Mi esposo estaba en el ejército y murió. Yo tengo un trabajito en San Vicente, lo que gano solo me alcanza para pagar los amperes[1]”. La más pequeña de las jóvenes, una niña de diez años decía: “yo quisiera irme de aquí al menos un año, para vivir un poco más tranquila. Así no se puede vivir, a cada minuto cae un misil…”

Las necesidades son incontables: alimentos, medicación, ropa, necesidad de alquilar aunque sea un cuarto para vivir…

Decimos, sin exagerar que Alepo está vestida de luto y que ha visto correr la sangre de sus hijos por sus calles. Hasta hoy después de mediodía la ciudad ha estado paralizada desde el martes. Los locales cerrados, la gente en sus casas, temerosa de salir.

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En cada situación de extrema necesidad que hemos constatado nunca escuchamos una queja contra Dios, un resentimiento, un reproche. Muy por el contrario hemos encontrado almas que podemos llamar heroicas: han perdido hijos a causa de la guerra, han caído misiles en sus casas, y sin embargo se dedican a visitar y ayudar a las familias que viven en situaciones extremas. Sufren con la entereza que les da la fe. Al momento que cae un misil, acuden inmediatamente a auxiliar a las víctimas sin pensar que puede caer otros y alcanzarlos a ellos: se impone ayudar al prójimo necesitado y lo hacen corriendo riesgo su propia vida.

En medio del gran dolor que vivimos en estos días, damos gracias a Dios por el don de estos hijos suyos, cristianos de nombre y de hecho, que saben dar testimonio de su fe con su propia vida.

Agradecemos nuevamente a todos quienes están rezando por la paz en Siria y por los cristianos de este lugar. Dios los recompense con creces!

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Siria-Alepo-Servidoras-noticasMaría de Nazaret
Alepo, Siria 6 de mayo de 2016

[1] Los amperes es el sistema utilizado aquí para proveer electricidad a los hogares


Testimonio de la hermana Nazareth, Alepo, Siria


Entrevista al P. Luis Montes IVE

Radio Cope, primera parte.


Institute of the Incarnate Word

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