El pasado 26 de agosto, luego de la Santa Misa de 18 hs. en nuestra Parroquia de Gaza -a la que diariamente asistimos junto con Marcos y las Hermanas de Madre Teresa-, nos dirigimos con la Hermana Santa Faz a nuestro apartamento escuchando, como música de fondo, los acostumbrados bombardeos, que esa tarde se habían intensificado.

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Luego de rezar las Vísperas empezamos a sentir fuertes estruendos, que reconocimos como tiros de ametralladoras pesadas y otras armas. No entendíamos que sucedía, ya que no habíamos observado presencia de tropas cercanas, pero minutos después supimos que era el modo de festejo porque había finalizado la guerra.

La alegría y entusiasmo se sentía en las calles y, en cierto momento, todos salieron de sus casas a festejar. Nosotras seguimos refugiadas en nuestra casa por miedo a las muchas balas que en signo de alegría se lanzaban hacia el cielo. Al final de la noche supimos que hubieron 24 heridos y 3 muertos en dichos festejos, por balas perdidas.

Al día siguiente salimos de Gaza con destino a Belén, el P. Jorge Hernandez, la Hna. Santa Faz y yo.

Muy temprano emprendimos el camino hacia la frontera. Era un gran gozo ver la “paz” en las calles, que se percibía en el retorno a la “normalidad” de la vida de la ciudad: gente abriendo sus negocios, mujeres en sus carros de mula trasladándose a otra parte de la ciudad, hombres en sus burritos, niños caminando, etc.  Pero al mismo tiempo, esa normalidad no aplacaba el dolor y destrucción dejado por la guerra, en esas calles ahora transitadas normalmente había muchas casas, edificios y fábricas destruidas y, en algunos casos, barrios convertidos en cementerios de casas.

La paz tan ansiada parecía que había llegado, aunque en todos está la conciencia de que todo puede recomenzar dentro de un mes. De todos modos, se festejó como si esa posibilidad estuviera lejana o simplemente porque no se la quiere por ahora considerar.

Al día siguiente, el 28 de agosto, finalmente después de tener todos los permisos de residencia en regla, las hermanas María Laudis Gloriae y María Hilbis, regresaron a su misión de Gaza. Mi presencia en Gaza por dos semanas estuvo motivada justamente por la falta de estos permisos –que otorga el gobierno cada seis meses- para dichas hermanas. Junto con la Hna. Santa Faz, miembro de la comunidad, quisimos así continuar nuestra asistencia y cercanía a la comunidad cristiana de Gaza.

Deseo agradecer a todos los que nos acompañaron con sus oraciones y a los que nos hicieron llegar su cercanía espiritual a través de mensajes, e-mails, etc. Hemos percibido la fuerza de la oración y la fraternidad de nuestra querida familia religiosa.

Que Dios los recompense con creces. Seguimos encomendando a sus oraciones estas misiones castigadas por la guerra, los cristianos que sufren a causa de su fe y todos aquellos que sufren las consecuencias de la guerra.

M. María de la Contemplación

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