No podemos ocultar que la intensidad de las dificultades causadas por la guerra se hacen sentir. Con la llegada del invierno las carencias se intensifican. Hoy hemos cumplido 50 días sin electricidad en Alepo. Ahora en invierno, a  las 4 pm ya está de noche y  el frio recrudece; no hay combustible para calefaccionar las casas y si se consigue es a precios tan altos que se hace inaccesible.

El 8 de diciembre, mientras preparábamos la gruta del pesebre en la Iglesia, la intensidad de los bombardeos hacían temblar la Iglesia entera, una explosión subterránea parecida a un fuerte temblor, hizo crujir las maderas de los bancos de la Iglesia. Desde la ventana de nuestra casa veíamos descender y explotar hasta siete bombas al mismo tiempo y una humareda negra, intensa y oscura cubría el horizonte de Alepo.

En reiteradas ocasiones, los fieles recuerdan: estamos a punto de cumplir cinco años viviendo esta situación.

Las fuerzas humanamente decaen… se siente el cansancio de la escasez, de la dureza de la vida cotidiana, de la austeridad y las necesidades a que se han visto sometidas las familias. Pero ese cansancio humano, natural y totalmente comprensible no impide que la fe se mantenga firme, que los fieles se dispongan espiritualmente a recibir al Salvador que viene, pobre y humilde, también en una noche fría acompañado solo de unos pobres pastores que acudieron a la gruta.

Se han programado una serie de actividades de las que los fieles participan con mucho entusiasmo, aunque dependerá de la situación de esos días el que podamos concretarlas. Días antes de la Navidad se predicará un día de retiro espiritual, con la posibilidad de concretar en el mismo la confesión. De esa manera el alma estará dispuesta para recibir al Niño Jesús que quiere nacer en nuestro corazón. También haremos con los fieles visita a los hospitales cristianos, llevando un mensaje de esperanza y un testimonio de caridad a quienes están sufriendo en su cuerpo o en su alma a causa de la enfermedad. El 24 por la tarde la misa será temprano y luego un festejo muy sencillo en el Salón de la Catedral. Durante la octava de Navidad se hará la visita de la imagen del Niño Jesús a las familias cristianas.

Será la nuestra una Navidad parecida a la que se vivió en el pesebre de Belén:

-Allí donde los hombres no quisieron alegrarse por el nacimiento del Mesías, los mismos ángeles cantaron: ¡Gloria a Dios en el Cielo!

-Donde los ricos y poderosos no quisieron acudir a una modesta gruta, unos simples pastores acudieron presurosos.

-Donde en las posadas no había lugar para recibir al Salvador, las piedras y las rocas se hicieron humilde palacio  para acoger al rey del cielo y las maderas del establo sirvieron de cuna real al Niño recién nacido.

También hoy:

-Allí donde los ricos y poderosos no quieren silenciar las armas, desde aquí elevamos nuestra oración al cielo pidiendo: “Paz a los hombres de buena voluntad”.

-Allí donde la violencia y el odio parecen invadirlo todo con furia cruel, un pequeño puñado de fieles, canta en torno al pesebre la mansedumbre del Rey Mesías.

-Allí donde la oscuridad y la tinieblas –hasta materialmente- cubren nuestra tierra, queremos encender la luz de la esperanza que este Niño trae a los hombres.

-Allí donde el odio parece cerrar las puertas a Dios, queremos abrir nuestras almas y nuestros hogares para que ingrese este Niño portador de gracia y bendición.

Nos sentimos agobiados, pero no desesperamos: ¡confiamos en Dios!

Padecemos la injusticia, pero ¡queremos mantenernos siempre fieles!

No tenemos razones humanas de esperanza y de consuelo pero ¡Dios ha nacido! Y con Él ha llegado la bendición a la tierra. De Él esperamos la paz, de Él esperamos todo bien.

 

SSVM en Alepo

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