Breves apuntes de la sala de manuscritos

Durante este mes de Adviento, y mientras estamos en la novena de Nuestra Señora de Fátima, pensé que podría ser de provecho dar a conocer algo sobre la profunda tradición que tienen los coptos en su devoción mariana.

Para los coptos, el tiempo de Adviento está impregnado -e incluso definido- por la devoción a María: lo llaman el mes de Kiahk, o “el mes mariano”. Este tiempo está dedicado a Ella y de modo particular al misterio de su divina maternidad.

Etimológicamente, el término Kiahk se deriva de “Ka-Ha-Ka”, el toro sagrado, Apis, un dios egipcio que representaba la fertilidad, o la generación de la vida. Otro símbolo que luego fue “bautizado” en sentido cristiano, fue el culto de Osiris, cuyos ritos se celebraban durante el solsticio de invierno: las semillas de grano se mezclaban con arcilla humedecida y los celebrantes los colocaban en un lugar oculto hasta que florecieran, representando a Osiris que había pasado de la muerte a la vida. Actualmente, la práctica de sembrar semillas de grano en un lugar húmedo durante el Adviento, sigue siendo una tradición de los coptos. Y así, literalmente, las semillas de grano de Osiris se convirtieron en semina Verbi, o sea, semillas del Logos.

La liturgia goza de características particularmente marianas: por la noche, las iglesias coptas celebran prolongadas vigilias para el canto de los tasbiha kiahkiyya, o salmodia de Kiahk, que incluye siete himnos dedicados a la Virgen, llamados “theotokia”. Si nos remontamos hasta el siglo III, descubrimos que las melodías de estos himnos fueron compuestas por un padre del desierto, probablemente del monasterio de Scetis, y que las palabras fueron escritas por San Atanasio.

De esta manera, los theotokia inspiran varios efectos en los fieles: primero, el honor por su papel particular en la redención, que resuena en el tono de júbilo que canta a la Theotokos, término que muchos atribuyen al padre alejandrino, Orígenes (184-254). En segundo lugar, y de una manera definidamente copta, fomenta un espíritu muy vivo de acompañar a la Virgen en sus pruebas antes del nacimiento de Cristo, en su silenciosa meditación del Verbo Encarnado, en su activa espera del nacimiento de Cristo.

Los coptos llaman al ayuno del Adviento: el “ayuno de la Virgen”, según una tradición que sostiene que la misma Virgen María habría ayunado durante el tiempo que precedió al nacimiento de Cristo. Esta creencia, más bien popular, se remonta a un escritor del siglo XIV, Ibn Siba, quien llama a María “Nuestra Señora, Madre de la Luz”. Según Siba, mientras la Santísima Virgen estaba en la mitad de su séptimo mes de embarazo, habría sufrido reproches por el misterioso embarazo, ya visible a todos. En respuesta a tales insultos y reproches, cuenta que la Virgen habría ofrecido el sufrimiento de este doloroso tiempo, con un mes y medio de ayuno. De esta manera, los coptos conforman sus sentimientos a los de la Virgen y de una manera muy concreta compadecen, se conmortifican, acompañándola en sus sufrimientos.

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Maria lactans, monasterio de Apa Jeremiah a Saqqara (7° s.) Museo Copto, El Cairo.

Igualmente interesante son las contribuciones de la literatura copta, conservadas en manuscritos. El himno más antiguo que nosotros conocemos, dedicado a la Virgen María es el que llamamos Sub tuum praesidium, y se ha demostrado que es de origen copto. El primer testimonio del texto ha sido transmitido en griego y comienza, ὑπὸ τὴν εὐσπλαχνίαν (en el original, la palabra refleja literalmente un sentido mayor de misericordia que de protección). El texto fue descubierto en papiro egipcio y se data en el tercer siglo. El fragmento precioso (18 x 9, 4 cm, con 10 líneas de composición y laceraciones en ambos lados) ha sido objeto de vastos estudios. Es muy notable el claro consenso de que tanto el tropario como el título mismo de la maternidad divina de María como Theotokos, son de origen copto. El profundo significado teológico del texto consiste tanto en su veneración de la Virgen como Madre de Dios cuanto en su función de Mediadora; Ella es refugio de pecadores y liberadora de peligros.

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Versión más antigua del Sub Tuum Praesidium, Rylands Papyrus 470

La oración, cantada como tropario en los ritos orientales, se difunde ahora en casi todos los ritos, tanto orientales como occidentales y se encuentra en los antiguos lenguajes litúrgicos de los ritos romano, copto, siríaco, armenio, etíope, ambrosiano y bizantino. Tanto en el rito siríaco como en el rito romano, el Liber Usualis prescribe su recitación después de las letanías Lauretanas. En el rito copto, la Iglesia ortodoxa omite la oración en su Horologion (nombre que se le da al breviario oriental), habiéndolo sustituido por otros textos, mientras que en el rito copto católico se ha conservado la antigua oración.

Quizás el emblema más querido de nuestra Señora en el antiguo Egipto, que aparece sea tanto en imágenes como en la literatura, sea el de Maria lactans (en latín, “lactante”), o Maria galaktotrophousa (en griego “la que nutre con leche”).

Este imagen fue una de las preferidas, en parte, tal vez, porque correspondía con el concreto y dinámico espíritu egipcio (que había ya venerado a la diosa Isis lactans desde el 700 a.C.) Las representaciones comenzaron a aparecer en los frescos de los monasterios y en la literatura se la comenzó a invocar con este nombres desde la antigüedad tardía, a medida que aumentaba la devoción copta hacia María. Más tarde, a lo largo de los siglos V-VII, encuentra un significado aún más pleno en el contexto del desarrollo doctrinal de la Encarnación. Una erudita alemana, L. Langener, ha compilado un catálogo de 200 páginas de todas las representaciones pictóricas de la galaktotrophousa copta; el equivalente con respecto a los textos, es un trabajo que queda aún por hacer.

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Antigua Galakotrophousa en estela funeraria de Medinet el-Fayum (4° s.) Ägyptisches Museum, Berlín.

Importantes Padres de la Iglesia de Alejandría, como San Cirilo y San Atanasio, continuamente destacaron la verdadera humanidad del Hijo, defendiendo la Encarnación e insistiendo precisamente en la verdadera maternidad de María, la cual es inherente a la imagen de María lactans. Los tonos apasionados en defensa de la Encarnación y el papel materno de María, resuenan en una homilía de San Atanasio escrita después del regreso de su segundo exilio en el 346. Hoy, esta homilía ha sobrevivido en su forma copta original en un papiro conservado en la biblioteca de Turín. En defensa de la verdadera maternidad de la Virgen, relata vívidamente el viaje de María y José a Belén y desarrolla el vínculo entre la Encarnación y la Eucaristía. Evoca a los Profetas que se unen para cantar alabanzas a la Virgen, enérgicamente llama a los fieles a contemplar “la pureza que ha florecido” y termina comparándola con los ángeles: “todos los ángeles y arcángeles tiemblan mientras sirven al que lleváis en vuestro seno, sin atreverse a hablar en su presencia, mientras que habláis con El líberamente. Si decimos grandes a los querubines que llevan el trono de Dios (Sal 80, 1), sois incluso mayor que ellos, porque sostenéis a Dios en tus manos, si llamamos a los serafines magníficos, sois más magnífica, porque mientras los serafines cubren sus rostros con sus alas (Is 6, 2), sin poder mirar directamente su gloria divina, no sólo contempláis su rostro, sino que lo acariciáis y ofrecéis vuestra leche a su santa boca”[1]. La homilía de Atanasio contempla el misterio de la Encarnación a través de la luz de la Virgen Madre.

San Cirilo desarrolló el mismo tema de María lactans en varias homilías, con el mismo fin de defender la realidad de la Encarnación. En estos sugestivos textos, describe de un modo imaginario, la relación humana entre Jesús y María: cómo se sentó en su regazo, cómo su pequeña voz la llamó Madre, cómo Ella le enseñó a caminar. Algunas de las versiones más antiguas de las homilías famosas, se han conservado solamente en copto, mostrando que éste fue un tema significativo para la cultura copta. En este sentido, se entiende más claramente cómo la preparación espiritual para la Navidad de los coptos, consistía en una contemplación de la Virgen María.

San Proclo de Ciro, obispo de Constantinopla (434-446), quien defendió la doctrina de Theotokos contra Nestorio, escribió homilías que también se han transmitido en sus versiones coptas. Estas homilías han sido recientemente publicadas en una edición crítica. Una de ellas, que sólo se conserva en fragmentos coptos, alaba a María como “la parturienta y la Virgen nutricia”. Virgen, porque no conocía varón, parturienta, porque estaba embarazada de nueve meses, y nutricia, porque con sus propias manos Ella envolvió al Niño en pañales, lo colocó en un pesebre, y lo alimentó con su propia leche. Aquí también podemos encontrar el equivalente copto del latín Deipara, , así como del griego Theotokos, .

Damiano, patriarca de Alejandría (578-602), continuó dándole énfasis al título de Maria lactans, defendiendo así la divinidad y la humanidad de Cristo. Aunque el texto sólo se conserva en un manuscrito un poco dañado, sin embargo, todavía es posible deducir la fecha, el contenido y el autor del texto. Se trata de una homilía escrita en el mes de Kiahk que elogia a María como un “campo puro donde se encuentra la perla” y “adornado con toda virtud”. Después de invocar a Maria lactans, concluye con una apasionada defensa de la Encarnación.

Otro texto copto, cuyo autor todavía no ha sido confirmado, desarrolla sólidamente temas mariológicos para promover la doctrina ortodoxa. Describe su virginidad perpetua y otras virtudes en términos propios del monaquismo copto, llamándola “la primera monja” o “monástica”. Hay otros autores, especialmente coptos, que la colocan en un marco similar; por ejemplo San Atanasio la propone como modelo de la vida ascética, al igual que Rufus de Shotep, a finales del siglo VI. El autor anónimo utiliza imágenes del Antiguo Testamento para ilustrar la maternidad divina de la Virgen, probada por su exención de los dolores de parto. Termina la homilía aclamándola no sólo como Madre de Dios, sino también como “cuidadora” de todos los que han de ser salvados; nuestra expresión paralela de este concepto escatológico es “Madre de los vivientes”. El análisis paleográfico, junto al examen material de los códices, revela que esta homilía habría sido escrita durante la segunda mitad del siglo VII, lo que corresponde al mismo momento en que la Iglesia Copta estaba estableciendo la celebración de Kiahk en su liturgia; la homilía, entonces, se presenta como testimonio de esta tradición.

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Maria lactans, celda 1725 del monasterio de Apa Jeremiah en Saqqara (7° s.) Museo Copto, El Cairo.

No es ahora el momento de mencionar otros temas marianos abundantemente desarrollados en la cultura copta, tales como la veneración de María como reina, su papel en la celebración de la Natividad, la alegre llegada de la Sagrada Familia a Egipto, la cual se recuerda más como fiesta que como dolor en el rito copto, viendo en este evento al Sol de la salvación levantándose sobre la tierra egipcia.

Si bien no es fácil concebir toda la riqueza de la literatura copta tal como existía en una época, ya que quizás el 90% de ella se haya perdido a causa de la destrucción de las bibliotecas monásticas (¡Gracias a Dios que el Sub tuum se pudo rescatar!), sin embargo con estos pocos ejemplos ya podemos ver la fuerza con la cual la creencia en la Theotokos, en la maternidad divina de María, había penetrado el suelo copto y ha dejado sus frutos en la celebración anual de esta estación maternal de Khiak.

Hna. María Panagía Miola


(Referencias a manuscritos: Clavis greca CPG 2187; Clavis Copta 0320, 0096; The Coptic Manuscripts in the Freer Collection; I papiri copti del Museo egizio di Torino. Referencias bibliográficas: Omelie copte, Orlando, T.; Il culto mariano in Egitto, Giamberdardini, G, Mary in the Early Coptic Tradition, Sheridan, M.)

 

[1] Traducción nuestra.

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