“La Santísima Virgen María ocupa un lugar privilegiado en la Obra de la Redención del Hombre”[1]. Esta es una verdad evidente para cualquier hombre de fe. Sin ser un gran teólogo, o un historiador de la Iglesia, se puede conocer ciertamente cómo la Virgen Santísima, a lo largo de la historia, en diversas naciones y culturas, se ha aparecido o ha realizado otros especiales prodigios para acercar los hombres a Dios, para darle hijos a la Iglesia, para reconciliar a los pecadores con su Hijo Jesucristo. Y lo sigue haciendo. De hecho, todos nosotros podríamos traer a la mente algún santuario o algún día mariano que prodigiosamente transforme a los que a él se acercan, que despierte la devoción de los que no suelen tenerla, que permita participar en el sacrificio del Altar a los que desde años que no lo hacían, etc. Como sacerdote uno tiene la dicha de ser un espectador privilegiado de estas realidades.

Misionando aquí, en Papúa Nueva Guinea, en ocasiones me vi tentado de pedirle a la Madre de Dios que realizara algún milagro particular, alguna aparición como lo ha hecho ya tantas veces, o alguno de esos prodigios con los que ella suele auxiliar a sus hijos. Que así como lo hizo en México con el nombre de Guadalupe, en Francia en la gruta de Lourdes, en la pequeña Fátima de Portugal, o en la Argentina a orillas del río Lujan, y en tantos otros pueblos y culturas diversas, que así también se digne a hacerlo en medio de nuestra gente, un pueblo humilde y que recién tiene 60 años de que llegaran los primeros misioneros. Y alguna vez rezándole a la Virgen de Luján se me escapaba como por lo bajo, como entre dientes, y le decía “virgencita ¿por qué no? Para que se acerquen más y muchos más a tu Hijo, ¡para ellos sería mucho más fácil así y para nosotros misioneros también!”; y pensaba si sería mejor en la parroquia o fuera de la misma, o tal vez en la selva, o en otra provincia… ¡Dios sabría! Pero las veces que lo dije, lo hice con un poco de timidez y vergüenza, temeroso de estar tentando a Dios. Tal vez con verdadera humildad y confianza lo hubiese pedido mejor.

Pero este no es el punto al que quiero llegar. Porque en realidad, con el tiempo, me vengo a dar cuenta, y estoy convencido, de que el prodigio que pido a María Santísima, Ella ya lo realizó, lo había realizado entonces y lo sigue realizando. Lo realizó como Ella siempre suele hacerlo y lo realizó bajo el nombre de Nuestra Señora de Luján, “Mama Luhan” para los papuanos. Es ese prodigio, hecho asombroso, que es uno y el mismo de siempre: su especial intervención en la redención y salvación de los hombres; y me refiero ahora a estos hombres en particular, aquí en la misión del IVE en PNG. Y es que son muchísimas las intervenciones y los auxilios de nuestra Madre del Cielo y Reina del Instituto, la Virgen de Luján.

En esta ocasión quisiera reconocer y agradecerle solo dos de ellos, dos “prodigios” que ha realizado entre nosotros para el bien y salvación de sus hijos.

El primero es la misma devoción que ha suscitado hacia su nombre y persona. La facilidad y fuerza con que atrae a estas gentes para luego ponerlos a los pies de su Hijo. La devoción que le tienen es algo extraordinario, devoción a María la Madre de Dios, y a Ella especialmente bajo la advocación y nombre de Luján, y así a lo largo y ancho de la parroquia con sus 5 aldeas hasta llegar al límite con Indonesia.

Por poner algunos ejemplos. Durante los meses de mayo y octubre la imagen de Ntra. Sra. de Luján peregrina a lo largo de la parroquia, visitando cada aldea y cada uno de sus clanes, y allí donde va es ocasión de conversiones, de reconciliaciones familiares (porque sabiendo que Ella va a ir a visitarlos no la quieren recibir mal dispuestos, y hacen las paces antes de que llegue o durante su visita si fue su presencia la que los movió a reconciliarse); muchos jóvenes o mayores alejados de la Iglesia encuentran la ocasión para reconciliarse con Dios después de haber rezado y cantado a sus pies… ¿¡cómo va a ser sorda a quien le dice tantas veces “ruega por nosotros pecadores”!?

Su visita es siempre motivo de alegría y esperanza: al llegar a la aldea, ya están todos a la entrada de la misma esperando, listos con sus trajes o ropas de fiesta para darle la bienvenida. La recibe el líder de la comunidad y le habla a ella en nombre de su gente, y además de darle la bienvenida le cuenta cuáles son sus necesidades y le pide su maternal protección. El discurso suele ser algo así como “Mama Luhan, nosotros te recibimos, agradecemos tu presencia entre nosotros, estamos muy contentos de que vuelvas a visitarnos. Mama, vos ya sabes todos los problemas y dificultades de nuestra aldea, por eso nos pone muy contentos que vengas a estar unos días con nosotros, mama Luhan. Son muchas las necesidades que tenemos y ahora con tu visita tenemos ocasión de manifestártelas. Somos hombres duros y pecadores, aferrados a nuestros pecados, duros como los postes de una casa pero tu oración lo puede todo, confiamos en que vos nos vas a ablandar y aliviar nuestras cargas y preocupaciones…”. Le hablan, como se ve, con la sinceridad y la transparencia de quien trata directamente con otra persona. Luego le cantan una canción, que por lo general la componen para esa ocasión, le ponen un collar de flores y comienza la procesión acompañada de cantos, bailes y baldes llenos de flores que van desparramando por delante suyo hasta llegar al altar o gruta que le han preparado. Al llegar se acercan todos, desde al más niño hasta el último anciano y le ponen una flor a sus pies y una intención en sus manos (los mayores se demoran un momento al dejarle la flor hasta que terminan de presentarle su pedido o preocupación) y finalmente su imagen queda toda cubierta por una montaña de flores que apenas le deja asomar su rostro. Reina de las flores podríamos llamarla… o “de las flores la más bella”. Es emocionante ver cómo cubren la ruta de flores cuando Ella va a pasar por allí, porque a veces son kilómetros y los llenan de flores y hojas de todos los colores con el unico fin dedos los colores con el único fin de honrarla. En otras lugares le escriben o dibujan con arena, al modo de los “tapices” de Corpus Christi. Luego siguen cantando hasta que anochece, y no falta alguna mamá o anciana que se ponga a bailar enfrente suyo para homenajearla.

Por eso con mucha razón dice nuestro directorio de Misiones que “Ella se ha hecho cercana a los más humildes y con sencillez se ha adaptado a la lengua y a la capacidad de recepción de sus hijos e hijas, incluso hasta en la apariencia exterior de su rostro[2]. Aquí la Virgen es suya: la llaman mama “Luhan”, y la convierten en reina de las flores o del “paraíso” como llaman a Papúa, le ponen sus collares de caracoles… y felizmente ven su rostro, moreno como lo son los de sus hijos en Papúa… pero más allá de todos estos detalles o delicadezas, Ella es evangelizadora y misionera, la primera, que tomando lo propio de ellos, y adaptándose a la sencillez de sus hijos, se hace cercana a los más humildes y sencillos para llevarlos hasta su mismo Hijo. Y así nos lo enseño y predijo el p. Buela: “por eso digo, queridos hermanos, que María es una gran evangelizadora de la cultura; en ella se ve la mejor síntesis de lo nuestro, particular y universal[3].

El segundo prodigio, o hecho extraordinario, es el próximo monasterio de vida contemplativa a fundar en nuestra misión. Y creo no errar en llamarlo prodigio, como tampoco en el adjudicárselo únicamente a su maternal intercesión. Me explico: es una obra extraordinaria porque va a ser el primer monasterio masculino de todo Papúa Nueva Guinea. Nunca antes en la historia Papúa tuvo monjes contemplativos, y de hecho nosotros sabemos que el Nuncio apostólico, sin saber de nuestra intención, estaba buscando de traer monjes, pero no encontraba quién. Y se va a concretar, sin lugar a dudas, por intercesión de la Virgen de Luján: porque la fundación siempre se gestó en torno a su devoción y nombre, porque va a llevar su nombre efectivamente, y finalmente porque se concretó como un “voto en honor a la Virgen de Luján”[4] y esto último es lo que cuenta ante Dios, quien no vive en el tiempo sino que dirige el transcurso de la historia desde la eternidad. Según Su Plan Providente, Papúa tendrá su primer monasterio contemplativo por obra y regalo de María, la Virgen de Luján.

Y si el monasterio fue ofrecido como un voto a la Virgen, Patrona y Reina de nuestra Familia religiosa, nosotros lo recibimos como una gracia, como un regalo de Ella misma, y me atrevo a hacer una última afirmación: la Virgen eligió a Papúa por la devoción y cariño que la gente le tiene, y sino ¿por qué fundar un monasterio aquí?… Como María es una gran evangelizadora y “también María, aquí, es la mujer que envía[5], eligió este sencillo y humilde pueblo para hacerse presente, ahora enviando monjes contemplativos.

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También, y ya para terminar, quería aprovechar a contarles que providencialmente y unido a la festividad de la Virgen de Lujan, el pasado 8 de Mayo, pudimos comenzar con el grupo de las “ive-madres” para llevar adelante el “Proyecto de las 40 Horas”[6]. Y digo providencialmente, porque hace tiempo que queríamos comenzar con este hermoso apostolado y no encontrábamos el modo y momento para hacerlo, hasta que con ocasión del 8 de mayo pudimos juntar a toda la parroquia y presentarles la idea a las mamás que con mucha alegría y entusiasmo se unieron, como también muchas otras lo hicieron más tarde. ¡Ya rezaron las 40 horas el mes pasado y fueron más de 100 mujeres! Y hasta me propusieron que cada aldea podía hace 40 horas por separado… ya vamos a ver. Todo esto nació también en el contexto de la devoción a la Virgen “Mama Luján”, y no es de extrañar, porque Ella es nuestra primer protectora y promotora o “despertadora” de vocaciones, “Madre de las vocaciones de especial consagración”; de hecho les entregamos en ingles a todas la oración “Virgen de Luján, Madre de las Vacaciones”, y las mamás más ancianas nos piden que se las traduzcamos al pidgin, porque ellas también le quieren pedir a la Ella por las vocaciones.

Este grupo de madres (que mejor sería llamarlo “grupo de benefactoras” o algo por el estilo, porque son un grupo de madres y mujeres que solo se dedican a rezar por nosotros misioneros y por los que Dios está llamando a la misión) es una garantía para nuestras misiones, desde que el mismo Jesucristo dijo que “la mies es mucha, pero los obreros pocos; rogad, por tanto, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies” (Lc 10, 2). Además serán causa de alegría y gloria para tantos jóvenes que Dios está llamando a la apasionante aventura de los que “se juegan la vida para que otros tengan vida y esperanza”[7].

Quisiera terminar esta pequeña crónica u homenaje a la Virgen y Madre de Luján con las palabras de nuestro querido padre y fundador, el p. Carlos Miguel Buela:

Quiero recordar que María, aquí, es la mujer que espera, pero también María, aquí, es la mujer que envía. Y no solamente envía, sino que en sus distintas réplicas, quiere quedarse junto con nosotros en países muy distantes, en culturas muy diversas, para acompañarnos, para guiarnos, para protegernos, y para bendecirnos. Sepamos ser fieles a este magnífico legado[8].

María, Mama Luhan, nos acompañe siempre en nuestras misiones y apostolados, y nos conceda ser muchos y santos misioneros.

A vos sagrada Imagen, bello hechizo,

de un corazón que amante os reverencia,

se consagra este don, que por ser vuestro

es muy justo, Señora, que a vos vuelva.

Ya no sufre mi amor que alguno ignore

del vuestro las tiernísimas finezas,

los prodigios sin par, los grandes bienes

que en Luján derramas a manos llenas[9].

Martín M. Prado, IVE


[1] Const. dogmática Lumen Gentium, 56.

[2] Directorio de Misiones Ad Gentes, 171.

[3] Sermón pronunciado por el P. Carlos Miguel Buela el 10 de agosto de 2001, en la Basílica de Nuestra Señora de Luján, con ocasión de la primera Misa de 49 neo-sacerdotes, ordenados el día anterior en la Catedral Basílica de La Plata.

[4] Carta circular del p. Gustavo Nieto anunciando el Voto a la Virgen de Luján, Roma, Italia, 29 de abril de 2018.

[5] Sermón del p. Buela ya citado.

[6] Cf www.40horas.org

[7] Cf Carta del p. Nieto ya citada.

[8] Sermón citado.

[9] ´A María Santísima´, poema del p. Felipe José Maqueda el día que se trasladó la imagen el 08/12/1763.

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