Como es tradicional, en el mes de septiembre festejamos el día del niño en el Oratorio Don Bosco. Lo hacemos con una kermes muy popular, en donde se organizan distintos juegos en los que los niños pueden ganar sus “Boscos” y canjearlos por golosinas o juguetes.

Expectativas y preparativos

Son muchos los niños que vienen con sus madres al Oratorio, al acercarse esta fecha, para saber cuándo será el festejo, ya que no se lo quieren perder.

Para nosotras este apostolado significa un importante esfuerzo pues al menos un mes antes comenzamos la campaña de pedir donaciones de golosinas y juguetes, los cuales fueron llegando de a poco, incluso hasta el mismo día de los festejos. También debemos diseñar e imprimir los “Boscos”, este año con la temática “Salvemos las dos vidas”, eran blancos y celestes con el logo.

Pusimos carteles en los negocios e hicimos propaganda por la zona con un coche parlante con divertidos audios. Los voluntarios, que nos ayudan con mucha generosidad cada año, fueron preparando juegos en sus casas. Y así, de a poco se iba preparando…

Estamos cerca…

La noche previa, algunas familias decoraron el salón…, cambiando totalmente la fachada de nuestro pobre espacio. Era muy lindo ver el clima de familia que reinaba ya desde los inicios. El día de los festejos, el domingo por la mañana, llegaron los voluntarios, que eran más de 100 y una ayuda providencial: 30 novicias de las Servidoras que en su viaje al Santuario de la Virgen de Luján, en donde harían su consagración mariana, pasaron por nuestra comunidad dándonos una súper ayuda.

A las 13 hs. cortamos la calle, y comenzamos a colocar los juegos. A esta hora ya había bastantes personas esperando a que se diera comienzo a la kermes.

¡COMENZÓ!

A las 15 hs., luego de las oraciones y del saludo de bienvenida, se dio inicio a la gran fiesta.

En media hora la calle se llenó de gente, costaba llegar de una esquina a otra. Si bien habíamos preparado más de 40 juegos, en cada uno de ellos había un cola larguísima, a tal punto que tuvimos que agregar más juegos a medida que llegaba más gente.

Mientras uno recorría la calle veía a los niños jugando con entusiasmo, tratando de superar los retos para ganarse un Bosco; muchas veces, si el niño no lo lograba, los padres estaban dispuestos a jugar por ellos. Así se veía a las mamás saltar la soga, a los papás patear los penales. Era todo un clima muy familiar y tranquilo. En un momento estimamos al menos 800 personas en la calle.

¡A comprar!

Cuando se habilitaron las ventas, entraron al salón del oratorio, y se formaron filas larguísimas para las jugueterías y kioscos. Desde que se dio inicio a la venta no paramos hasta el cierre de la kermes.

Pausa y ya volvemos….

A la mitad de la jornada se realizó una pausa para merendar. Distintas colaboradoras nos hicieron riquísimos bizcochuelos para los niños, y les ofrecimos chocolatada y jugo. ¡La Providencia hizo que no faltera, ya que el número de asistentes superó nuestras expectativas!

En este momento los voluntarios aprovecharon para cargar sus energías y así poder seguir con los juegos.

La despedida

Para concluir la jornada, se cerró el ingreso a la juguetería y al salón. Formamos cuatro filas en la calle, y después de rezar y agradecer a Dios por esta jornada, les repartimos una bolsita con golosinas a modo de recordatorio. Allí comenzó entonces la “desconcentración” de esta gran cantidad de gente. Una mamá joven, mientras se ibas con sus niños, me dijo: “¡Muchas gracias!”, y lo dijo tan de corazón, que fue un fruto visible del bien que se hace. A veces uno puede pensar, que no se “predicó”, pero es el testimonio silencioso de las casi 40 religiosas y de los jóvenes y adultos que ayudaron a atender a estos niños para que viviesen un día inolvidable, que tal vez sea único en sus vidas. En definitiva, es el secreto de la alegría del cristiano, que al que no tiene fe le puede suceder que no lo entienda o por el contrario que lo atraiga… es lo que dijo nuestro Señor: “hagan pues que brille su luz ante los hombres, que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en el Cielo” (Mt 5, 14)

Testimonios y anécdotas

Todos los voluntarios estaban muy contentos por el día que pasaron, por el bien que se hizo y también muy impresionados por el gran clima de alegría que se vivió. Pero quiero destacar el testimonio de dos hombres, padres de familia, que se disfrazaron de superhéroes, uno de Spiderman y el otro del Capitán América. Lo que ellos vivieron detrás de sus máscaras vale la pena contarlo:

Al Capitán América, quien era el que dirigía la jornada, era también la referencia para los niños que no encontraban a su familia, en un momento llegó un nene que si bien no estaba llorando, no encontraba a su mamá, cuando ella se acerca, el nene comienza a llorar desconsoladamente… ¿por qué? ¡Porque se quería quedar con el Capitán América!

Un señor, vino con sus hijas y las amigas de ellas desde Capital Federal. Cuenta que las niñas volvieron conmovidas y contentas de conocer gente que tiene algún tipo de necesidad, y de tomar conciencia de que los que más tienen, tienen que valorar los bienes que nos da Dios, tanto espirituales y materiales y procurar el bien de los más necesitados. Particularmente se conmovieron por la situación de algunas familias de nuestro barrio que pasan verdadera necesidad. El señor, por su parte, se disfrazó de Spiderman haciendo el papel de comodín: el juego donde él se encontraba, duplicaba los puntos. Y a lo largo de la jornada los niños se le acercaban, le mostraban sus premios, o simplemente lo abrazaban. Al finalizar nos dijo: “nunca me saqué tantas fotos, para un tipo de 45 años, pelado y con panza… ¡más fotos que en el día de mi casamiento! Me llevo como regalo espiritual, es difícil describirlo, los ojos de esos niños, que me abrazaban y me pedían que los alce, me chocaban las manitos…se trató de llevar un poco de alegría y de sana y santa diversión; creo que el objetivo se cumplió con creces, al final ellos se llevaron un regalito, que quizás lo ayuden a fomentar la imaginación a través del juego…pero el principal derecho a la edad de estos niños es el de jugar y tener una familia. Y eso se pudo dar en un ámbito sano, de juego, de compartir… eso es lo que me llevo, esas miradas de alegría”

Son conscientes de que su aporte es mínimo y que en realidad el que ayuda se lleva más de lo que entrega… porque uno da de lo que sobra y se lleva un corazón lleno.

También testimonió este papá que “la misión no consiste sólo en organizar el día del niño para los chicos, sino que los que organizan viven el Evangelio a través de ese apostolado. Es un todo, es un bien para los niños, y para los voluntarios.”

Nos despedimos con una última anécdota: semanas después una de las hermanas iba caminando por la calle y se encuentra a unos nenes con sus mamás. Una de las niñas gritaba, mientras corría hacia ella: “¡mamá! ¡Mirá la monjita! ¡Mamá!” … La hermana no la conocía, no era de los niños que vienen habitualmente al Oratorio y no sabía por qué manifestaba tanta emoción hasta que escucha a la niña que dice: “es la monjita que nos da los regalos…”

Si en algo podemos dar gloria a Dios que sea en nuestras pequeñas buenas obras cotidianas para la salvación de las almas.

Comunidad Sor Ludovica de Angelis, Oratorio Don Bosco – La Plata (Argentina)

Provincia Nuestra Señora de los Buenos Aires

 

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