Querida familia del Verbo Encarnado, queridos hermanos sacerdotes y seminaristas,

El P. Carlos Walker, después que le mandé unas fotos de los últimos bautismos, me sugirió que escriba una crónica contando algo. En realidad, ya pasaron unos meses y aún no he escrito nada; pero ahora se acercan mis 25 años de sacerdocio, así que debo escribir algo. Como al querer escribir una crónica no me sale nada, he decidido escribir unas reflexiones, no diré nada nuevo, pero estas reflexiones pueden servirnos para agradecer conmigo por estos 25 años -podría decir 33 años-, en que Dios me ha llamado claramente a seguirlo.

 Pensaba en la importancia de decir siempre sí a la Voluntad de Dios, eso ha hecho posible la misma Encarnación de Verbo y la redención del género humano. La Virgen Inmaculada dijo sí a la Voluntad de Dios Padre, y Nuestro Señor dijo sí hasta las últimas consecuencias al Padre Celestial. Todo eso estalla en el triunfo de la resurrección. Así también los sí de los hombres a Dios han hecho a la Iglesia y a los Santos, el sí de cada uno se integra al sí del Único y Eterno Sacerdote, Jesucristo, y por eso mismo es que son tan magníficos los frutos que se dan.

El sí del padre Buela ha hecho posible nuestras ambas congregaciones, la masculina y la femenina, así también la historia de nuestras misiones están plagadas de sí, y siempre que se han mantenido, están dando frutos permanentemente, unos el ciento por uno, otros el 60 otros el 30, pero todos, absolutamente todos dan frutos, y el principal fruto es en el misionero mismo, el cual va comprendiendo lo que es él, lo que es Dios y lo que es la cruz, la cruz que santifica todo lo que toca, porque ella fue antes santificada por Nuestro Redentor.

Así han sido estos 25 años y especialmente los últimos 20 años de este cura que escribe. Pareciera que ayer llegué a la misión, que ayer fui ordenado sacerdote, pero no es así, ha pasado mucho tiempo: he consagrado todos los días, he absuelto muchos penitentes, he acompañado muchos moribundos, he bautizado numerosa gente y he sufrido los dolores de parto continuos que es estar engendrando y curando hijos de Dios, especialmente el mismo que escribe, pues lo que somos y tenemos no es que sea nuestro sino aquello que es nada más pecado, y todo lo que produce nuestro sí a Dios es obra del Él, y esto es lo mejor, que es la obra de Él la que nos lleva a donde planeo, donde Él sabe, donde Él quiere. Muchas veces me he golpeado por el suelo, y muchas veces me he levantado gracias al sí de Nuestro Señor y de tantos sacerdotes que siguen diciendo sí y nos enseñan a decir siempre sí, ¡adelante, Jauja te espera!.

 

La misión en las tierras del Oriente y en la isla de Taiwán es realmente entusiasmante y más entusiasmante es ver que aún queda mucho, muchísimo, muchisisímisimo por hacer, y los obreros son pocos, pero pueden ser grandes Santos. Ellos son el mejor fruto que podemos pedir en nuestro actual cumpleaños.

 

Los saludo a todos con un gran abrazo, agradeciendo en primer lugar a Dios, a la Virgen y los Santos que nos hayan traído hasta aquí. Debo agradecerle especialmente al P. Buela, quien ha sido nuestro padre, guía y modelo en esta aventura, a los superiores que nos han permitido y permiten seguir en esta misión, y a todos los que rezan por nosotros, y a mis padres, que Dios eligió para darme la vida. Quiero pedirles que recen especialmente por mí, por el P. Carlos Sack, el P. Ricardo Noriega y el P. Carlos Peteira que hemos sido ordenados sacerdotes juntos en este día 9 de Diciembre, por el P.Eduardo Coll que se ordenó unos meses antes pero era del mismo grupo y por todos los sacerdotes, especialmente los que estamos en la misión.

En Cristo y María, P. Lucio Flores IVE.

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