A toda la familia religiosa:

“Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús.” [1] Para la mayor Gloria de Dios.

El día 30 de enero se cumplieron 20 años de mi llegada a Estados Unidos. El día se veía igual: un hermoso cielo azul y la blanca nieve que cubría el paisaje.

El sábado 3 de febrero de 1996 llegué a la Arquidiócesis de Philadelphia para trabajar en la Misión Santa María Madre de Dios en Avondale, Pennsylvania,  hoy parroquia San Roque. Monseñor Frank Depman nos presentó en la única misa de la misión, éramos la Madre Anunciación, hna. Asunción y yo. Por pedido del Cardenal Anthony Bevilacqua vinimos para abrir un nuevo sagrario en esta parte de la Arquidiócesis. Un sagrario que quería estar siempre acompañado. Desde allí debíamos mantener encendida la luz tenue que indica su presencia viva que lentamente atrae las almas hacia Él.

Solo puedo escribir palabras de agradecimiento a quien en la soledad del Sagrario me conforta, educa, fortalece, perdona y llena constantemente de deseos de pertenecerle totalmente.

Llegué a mi primer destino: una Servidora llena de sueños, ilusiones  y deseos, con ardientes anhelos apostólicos que la casa de formación supo sembrar. Han pasado 20 años y parece ayer que llegué. Dios cada día hace nuevas todas las cosas en el Santo Sacrificio del amor: la Santa Misa. En ella cada día se renueva la consagración y se hace vida. Ella será mi acción de Gracias.

No puedo comenzar a escribir sin cantar un “Te Deum” “A Ti, oh Dios, te alabamos”: por tantas gracias recibidas en estos 20 años de trabajo en la Misión Santa María Madre de Dios.

Dios teje la historia de la humanidad con nuestras debilidades. Esto es algo que uno tiene la gracia de comprobar cada día en la entrega cotidiana de la vida religiosa. Las debilidades nos permiten conocernos a nosotros mismos y  como dicen nuestras constituciones:

“Por eso es preciso vivir muriendo”,… ¡Todo está en saber morir! ¡Esa es la gran ciencia! Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere llevará mucho fruto. El que ama su alma, la pierde; pero el que aborrece su alma en este mundo, la guardará para la vida eterna (Jn. 12,24-25)”.[2]

¡Dios dame la gracia de vivir para morir cada día, donde Tú quieras y como Tú quieras!

Hace mucho tiempo (1997) un misionero de nuestra familia religiosa en Tierra Santa vino a visitarnos. Celebró  la Santa Misa y nos habló en la homilía del trabajo misionero.

Dijo que uno nunca debe olvidar que antes que nosotros lleguemos a un lugar, Jesucristo ya nos esperaba allí. Aunque el tiempo sea poco o mucho, veamos los frutos o no los veamos, ya sean trabajos pequeños o grandes: Cristo nos quiere allí y de ese modo.

Con el pasar del tiempo uno penetra en la verdad de estas palabras… Dios quiere gloriarse en nuestras debilidades y es allí justamente, en esas flaquezas,  en las cuales somos fuertes. Por Él y en Él, de la mano maternal de María, debemos trabajar en la misión sea cual sea.

También nos instó a desear tener siempre las cuatro miradas que señala San Luis María Grignion de Montfort. Creo que en estos dos puntos se puede tejer la acción de gracias.

Uno debe tener la mirada de Buey con uno mismo: debemos ser exigentes con nosotros mismos; trabajar siempre por la virtud. Gracias a mis superioras y hermanas que pasaron por la comunidad y con las cuales aprendí a vivir en familia. ¡Gracias por las correcciones, los consejos, la compañía, la confianza y hasta el silencio! ¡Gracias!

Una mirada de León para con la mentira y así no dejarnos engañar por el enemigo: el demonio. Gracias a mis directores espirituales y confesores que me guiaron y me guían en la oscuridad. Muchas veces, uno mismo trama en el silencio algún temor y se transforma en pesar, que hablándolo sencillamente, con la gracia de Dios y el abandono en su Divina Providencia se disipa. Como el amanecer que deja atrás las tinieblas.

Una mirada de hombre para con el hombre: debemos ser misericordioso con todos los hombres amando hasta el más pecador. Ser caritativos con todos. La caridad nos debe distinguir. Gracias a todos los que me dieron ejemplo de entrega incondicional a Cristo en el prójimo.  Gracias a todas las almas que Dios me confió en el apostolado. Gracias a nuestro fundador que nos dice: “Debemos aprender a descubrirnos, a nosotros y a los demás, en el Corazón y en las llagas de Cristo, y así comprenderemos lo que le pedimos cuando decimos: “dentro de tus llagas, escóndenos”, ya que “hemos sido hechos Cristo”.[3]

Y finalmente la mirada de Águila con las cosas de Dios. Tener una mirada contemplativa para ver las cosas según Dios. El secreto es entregarle todas las potencias interiores ya que si Él me llamó, es porque Él me quiere santa. Si me abandono a su voluntad con docilidad, Él se encargará de culminar la obra que Él mismo comenzó. Abandono y Confianza.

No puedo terminar sin dar gracias a mi familia. Cada uno de ellos colabora en el plan de Dios. Gracias a mi querida madre que me mueve siempre a dar más y más con su ejemplo. Hace más de un año, luego de estar 27 días internada en el hospital muy grave sin salir de la cama, cuando supimos que le darían de alta le dije: mamá si quieres puedo hablar con la madre para pedirle quedarme un tiempo más. Con la fuerza que la caracteriza me dijo tomándome de la mano, la mirada clara y voz decidida: “Hija yo tengo mis responsabilidades acá, aquí está mi vida, este es mi lugar. La tuya esta allá, allá tienes tus responsabilidades que te esperan, hay gente que te espera: Dios te quiere allá, ese es tu lugar. Vete cuanto antes. Dale las gracias a las superioras que te mandaron y permitieron quedarte todo este tiempo a mi lado. Dale las gracias a ellas por haberte mandado.” Dos días más tarde ya en casa se levantó para prepararme el almuerzo antes que regrese nuevamente a la Misión. ¡Gracias Mamá!

Gracias a mi padre que desde el cielo hace 41 años nos cuida y acompaña. Gracias a Alicia (laica consagrada), Dorita, Emilio y José Luis por ser mis hermanos y cuidar con tanto amor a nuestra madre. Gracias a mi hermana carmelita María Luisa de Jesús Eucaristía que siempre me sostiene con sus oraciones. Gracias a mis sobrinos Carlos, Gabriela y Lourdes. A mis cuñados Adriana y a Juan Carlos que ya nos espera en el cielo. Gracias a mi Familia Religiosa que cada día me enseña a amar más y mejor a mi familia.

Una mirada de Águila… Hoy es un día de acción de gracias y de súplica. Sí, también de súplica abandonada y confiada. Señor dame esta mirada para en todo verte a Ti, y todo juzgarlo según los sentimientos de tu Sagrado Corazón. Al menos cólmame de deseos que consuman mi interior y de ello solo hable mi boca. “Nuestro pobre aliento únicamente es fecundo e irresistible si está en comunicación con el viento de Pentecostés. Para alcanzar una disposición de suma, total e irrestricta docilidad al Espíritu Santo, necesitamos que la Santísima Virgen sea el modelo, la guía, la forma de todos nuestros actos, por todo lo cual, con todas las fuerzas del alma, y del corazón, hoy y siempre, decimos: ‘¡Totus Tuus, Maria!”[4]

Me encomiendo al Inmaculado Corazón de María y al casto corazón de San José, custodio de las vírgenes, para que me ayuden a dar todo de mí cada día. Ya que solamente lo que ahora dé solo por amor a Jesús lo tendré en el haber en el último instante de mi vida. Ese día espero por la Infinita Misericordiosa de Dios,  me encuentre gimiendo de Amor por Él, escondida en el hueco del manto de mi Madre María Santísima.

¡Viva Cristo Rey, Viva la Virgen de Guadalupe!

Hna. Maria Stella Maris

Año de la Vida Consagrada.

________________________

[1] San Marcelino Champagnat
[2] Constituciones 173
[3] Constituciones n° 179.
[4] Constituciones n° 18-19

1 Comentario

  1. Un hermoso testimonio de vida y de servicio, gracias hermana Stella Maris. También gracias a Dios que en su gran misericordia dispuso que estuvieran presentes las Siervas del Señor y la Virgen de Matará en la parroquia de San Roque.
    Dios bendiga la parroquia y la comunidad religiosa.

Deja un comentario